John Mejía
Poeta asiduo al portal
[Dedico este poema a mi gran amigo y maestro Víctor Amaya, a quién extrañaré siempre. QDP.]
Mi amigo, mi hermano,
llegaste Titán.
Te desprendías entre letras y anécdotas,
te hacías leíble aún entre borrones,
entre pasajes de rara etimología,
entre una sencilla frase vernácula,
- ¡ta vergón!,
así decías,
entre lo exquisito de la misma poesía,
en lo complicado que era algo para algunos,
y lo sencillo que era para vos…
Llegaste y dejaste tu huella,
indeleble,
revivías esa vida que te marcó,
y por la que te desvivías,
dibujando esperanzas progresivas,
batiendo el suelo árido de la ignorancia,
e irrigándolo con la chispa de tu saber.
Mi amigo, mi hermano,
tantas veces consolaste al doliente,
y tu cimiente temblaba,
de impotencia y de enojo.
Te vi labrar de sol a sol,
dejando cada gota de tu esencia,
hasta en lo más sencillo del idioma,
y como te subyugaba la creación más divina:
-la mujer…
Te dejo hoy estas letras,
y un tentativo –hasta luego,
esperando llegue a las alturas,
dónde tu presencia siempre estará.