BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Que me digan que la sangre
no merece la pena. Que tatúen
en mi cuerpo en mis vísceras en mis
ampulosidades corpulentas, en mis arterias
intersticiales, el resto de esa sangre que vomito:
recuperaré la desidia y el afecto entre hojas devoradas
por parques y llamas infectas. Que me digan,
que execren, que manifiesten sus testículos vejatorios,
con sus eternidades de astros o férulas, que procedan
con sus exámenes discrecionales, o con sus elementales obsequios
transitorios. Yo sesgaré el empeño del torrente abolido.
Yo irrigaré los vientres de luna con espejos calcinados.
Con campos de amapolas tan juveniles como el coito
de una doncella profanada. Que me digan
que, de la sangre, me arrepienta.
©
no merece la pena. Que tatúen
en mi cuerpo en mis vísceras en mis
ampulosidades corpulentas, en mis arterias
intersticiales, el resto de esa sangre que vomito:
recuperaré la desidia y el afecto entre hojas devoradas
por parques y llamas infectas. Que me digan,
que execren, que manifiesten sus testículos vejatorios,
con sus eternidades de astros o férulas, que procedan
con sus exámenes discrecionales, o con sus elementales obsequios
transitorios. Yo sesgaré el empeño del torrente abolido.
Yo irrigaré los vientres de luna con espejos calcinados.
Con campos de amapolas tan juveniles como el coito
de una doncella profanada. Que me digan
que, de la sangre, me arrepienta.
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