BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Constantemente, ruidos elípticos
conceden treguas indecisas a los labios amordazados.
Pero existe mucho temblor entre las hojas
desnutridas. Un túnel de agua quieta
espabila los dientes que muerden la cítara
con golpes nauseabundos de cuerpos que emiten
sus sonidos onomatopéyicos.
Hay falos incesantes, que mugen con estrépito
de antigua caverna. Con estridencia de oficina reticente,
con tristeza de ábaco calculador, protegido por bocas insistentes,
por labios críticos, así, la tierra abre sus párpados
hasta sepultarlos entre losas de plomo deleznable.
Su exigente narciso corpulento, sus vacíos
campos de nieve, contiguos aledaños de jardines
estratificados, sangran la piel con lamento de rosa.
Mi propia piel, abriendo su silogismo de aferramiento,
desnuda de templos ópticos, las frágiles suplencias
de alas adormecidas.©
conceden treguas indecisas a los labios amordazados.
Pero existe mucho temblor entre las hojas
desnutridas. Un túnel de agua quieta
espabila los dientes que muerden la cítara
con golpes nauseabundos de cuerpos que emiten
sus sonidos onomatopéyicos.
Hay falos incesantes, que mugen con estrépito
de antigua caverna. Con estridencia de oficina reticente,
con tristeza de ábaco calculador, protegido por bocas insistentes,
por labios críticos, así, la tierra abre sus párpados
hasta sepultarlos entre losas de plomo deleznable.
Su exigente narciso corpulento, sus vacíos
campos de nieve, contiguos aledaños de jardines
estratificados, sangran la piel con lamento de rosa.
Mi propia piel, abriendo su silogismo de aferramiento,
desnuda de templos ópticos, las frágiles suplencias
de alas adormecidas.©