Fabiola Montes
Poeta asiduo al portal
Que no todo lo que brilla es oro
Es algo bien sabido
Aún así, en el mundo amplio
Nunca falta un incauto
Víctima de un «hecho al vivo».
Y en estas vueltas de la vida
Vine a toparme con alguien
Que quiso, como dice el dicho,
«hacerme pisar el palito».
Por gracia de Dios tengo una madre
Que no parió hija opa
Y con tacto y tino
Me libre de un «cuento del tío».
Y es que un día en la esquina,
Allí donde se juntan al chisme las vecinas,
Apacible y con cara de ingenuo,
Esperaba por mí el malandrin.
Con zalamero palabrerío
Me contó de su tía Nora,
Que de buena fuente sabía
De una vieja con mi nombre,
Que sin hijos ni parientes,
Al otro mundo partió
Dejando en caja de banco
Cuantiosos bienes encerrados
Esperando por un nuevo poseedor.
Me dijo que era fácil
Que pase por la difunta
Y reclame como mía
La pequeña fortuna
Y que por un tema de documentos
Sólo tendría que hacer una pequeña inversión.
Se relamía de contento
El zorro con olfato de sabueso
Creyendo que me brillaban los ojos
Con su fingido cuento.
Con voz serena le dije
Que me sonreía la suerte
Y que él sería por siempre
Socio, amigo y albacea
Que para iniciar la aventura
Debía prestarme el capital
(Pagadero cuando tenga la fortuna,
A diez por ciento de interés).
Me miró consternado.
El cuento se le había acabado.
Enojado y maldiciendo se alejó.
Es algo bien sabido
Aún así, en el mundo amplio
Nunca falta un incauto
Víctima de un «hecho al vivo».
Y en estas vueltas de la vida
Vine a toparme con alguien
Que quiso, como dice el dicho,
«hacerme pisar el palito».
Por gracia de Dios tengo una madre
Que no parió hija opa
Y con tacto y tino
Me libre de un «cuento del tío».
Y es que un día en la esquina,
Allí donde se juntan al chisme las vecinas,
Apacible y con cara de ingenuo,
Esperaba por mí el malandrin.
Con zalamero palabrerío
Me contó de su tía Nora,
Que de buena fuente sabía
De una vieja con mi nombre,
Que sin hijos ni parientes,
Al otro mundo partió
Dejando en caja de banco
Cuantiosos bienes encerrados
Esperando por un nuevo poseedor.
Me dijo que era fácil
Que pase por la difunta
Y reclame como mía
La pequeña fortuna
Y que por un tema de documentos
Sólo tendría que hacer una pequeña inversión.
Se relamía de contento
El zorro con olfato de sabueso
Creyendo que me brillaban los ojos
Con su fingido cuento.
Con voz serena le dije
Que me sonreía la suerte
Y que él sería por siempre
Socio, amigo y albacea
Que para iniciar la aventura
Debía prestarme el capital
(Pagadero cuando tenga la fortuna,
A diez por ciento de interés).
Me miró consternado.
El cuento se le había acabado.
Enojado y maldiciendo se alejó.