BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Escucho el murmullo del agua.
Es un agua antigua, espumosa,
que genera, en los líquenes y en
los musgos próximos, evocaciones
de mi alma errática y errante. Esclava
de sus posesiones, de su temperamento
y de su carácter alucinado, mi alma, febril
y desapacible, encuentra su esclavitud
cerca de lo que le produce un espasmo
de libertad. Mi alma ya no es mi alma.
Va y vuelve, y torna a regresar a las capas
inferiores de su pobre casa. Está triste
y se sumerge en el vino, como si de un
agua intranquila, traviesa, se tratara.
Pero nada le calma. Fluye, eso sí, con
las alas de las águilas, con el fulgor de
la nevada, y con el tránsito de las bestias.
Hay estrellas, y sol, y luna, en estos tristes
parajes; pero su alimento, no procede, bien
se sabe, de estos desérticos paisajes.
©
Es un agua antigua, espumosa,
que genera, en los líquenes y en
los musgos próximos, evocaciones
de mi alma errática y errante. Esclava
de sus posesiones, de su temperamento
y de su carácter alucinado, mi alma, febril
y desapacible, encuentra su esclavitud
cerca de lo que le produce un espasmo
de libertad. Mi alma ya no es mi alma.
Va y vuelve, y torna a regresar a las capas
inferiores de su pobre casa. Está triste
y se sumerge en el vino, como si de un
agua intranquila, traviesa, se tratara.
Pero nada le calma. Fluye, eso sí, con
las alas de las águilas, con el fulgor de
la nevada, y con el tránsito de las bestias.
Hay estrellas, y sol, y luna, en estos tristes
parajes; pero su alimento, no procede, bien
se sabe, de estos desérticos paisajes.
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