Aquel sabor a hiel y la rudeza de cada palabra,
tu fuerza confusa por el dolor y la intriga
que me sembraste en el alma.
Mis intentos por alejarme de ti y la pena que eso significaba,
tu indiferencia, mi desesperación, el valor y
una eterna esperanza.
La paradoja en tu sonrisa,
tus ojos llenos de lagrimas una y otra vez,
tu aroma inconfundible y tu extraña manía
de hacer las cosas al revés;
el deseo antes que la estrella,
el detalle antes que el "sorpresa"
y al contrario el desayuno y la cena.
Tu vida tal como te parece y el triunfo de
siempre tener razón, aquel deseo confuso de querer
cambiarte si se que nadie interfiere en tu elección.
Y yo, queriéndote como la primera vez,
extrañando ser dulce y complementarte,
amándote así tal y como eres,
pensando en tus ojos y en que no estoy
para limpiar tus lagrimas acariciando tus mejillas,
creyendo todavía que algún día volverás
y me dirás que tome tu mano esperando la estrella,
que mirándome a los ojos me digas otra vez que soy tu deseo
y puedas prometer como no lo hiciste jamas,
que aunque se levante tu adversidad, ya no te iras.