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En el supermercado

Lonco Frapéz

Poeta recién llegado
Me presento, y les dejo algo de los que escribo.


En el supermercado

una vieja, bastante opulenta por cierto,
me miraba mientras esperaba en la fila del supermercado:
habrán sido las 12 y 34 del mediodía de un Lunes.
ella me miraba con cara de asco, miedo, temor,
alguno de esos ademanes que hacen saberte que sos desagradable.
yo llevaba cuatro cervezas y un paquete de salchichas,
observé su carro y allí habían cientos de paquetes de papel higiénico
-noté que era una señora que no sufría estreñimiento
al observar también que no llevaba Activia-
por lo cual:
¿qué hace una persona con tanto papel para limpiarse el culo?
¿sufriría algún tipo de afición por llevar el ojete limpio
las 24 horas del día los 365 días del puto año,
a fin de tener un culo limpio en todo momento,
aún mientras defeca, y así lograr el record Guinnes
al culo más veces acariciado por celulosa de la historia?
mientras yo andaba perdido entre mil incógnitas bastante repugnantes,
como las recién expuestas anteriormente,
ella seguía indagando con sus ojos de qué estaba hecho yo,
buscando algún no sé qué en mi para, aunque sea, soportar
que yo estuviera al siguiente de su turno en la cola hacia la caja

quizá simplemente se sentía sucia por dentro
e imaginó que metiéndose kilos de papel por el recto
lograría limpiar aquello que habitaba y molestaba en su interior.

algunos se lustran los adentros con drogas y alcohol,
o putas y bares, o poesías y lo anterior.
otros simplemente viven tan aburridamente su vida
que hasta la muerte se olvida de llevárselos al cajón
y sus finales son simplemente aburridos, sin emoción
(ya habrá un poema para estos)

hoy aprendí, en realidad supuse, que también están aquellos
que se desinfectan con productos de “limpieza personal”
(los publicistas lograron su cometido: bien por ellos).

pagué,
huí a mi casa y escribí estas líneas
mientras la señora, imagino, ya debería estar
purgando sus adentros
como ahora lo estoy haciendo yo.

al final
no eramos tan diferentes:
lo triste es que
yo me di cuenta
y ella no.
 
Última edición:
Me presento, y les dejo algo de los que escribo.


En el supermercado

una vieja, bastante opulenta por cierto,
me miraba mientras esperaba en la fila del supermercado:
habrán sido las 12 y 34 del mediodía de un Lunes.
ella me miraba con cara de asco, miedo, temor,
alguno de esos ademanes que hacen saberte que sos desagradable.
yo llevaba cuatro cervezas y un paquete de salchichas,
observé su carro y allí habían cientos de paquetes de papel higiénico
-noté que era una señora que no sufría estreñimiento
al observar también que no llevaba Activia-
por lo cual:
¿qué hace una persona con tanto papel para limpiarse el culo?
¿sufriría algún tipo de afición por llevar el ojete limpio
las 24 horas del día los 365 días del puto año,
a fin de tener un culo limpio en todo momento,
aún mientras defeca, y así lograr el record Guinnes
al culo más veces acariciado por celulosa de la historia?
mientras yo andaba perdido entre mil incógnitas bastante repugnantes,
como las recién expuestas anteriormente,
ella seguía indagando con sus ojos de qué estaba hecho yo,
buscando algún no sé qué en mi para, aunque sea, soportar
que yo estuviera al siguiente de su turno en la cola hacia la caja

quizá simplemente se sentía sucia por dentro
e imaginó que metiéndose kilos de papel por el recto
lograría limpiar aquello que habitaba y molestaba en su interior.

algunos se lustran los adentros con drogas y alcohol,
o putas y bares, o poesías y lo anterior.
otros simplemente viven tan aburridamente su vida
que hasta la muerte se olvida de llevárselos al cajón
y sus finales son simplemente aburridos, sin emoción
(ya habrá un poema para estos)

hoy aprendí, en realidad supuse, que también están aquellos
que se desinfectan con productos de “limpieza personal”
(los publicistas lograron su cometido: bien por ellos).

pagué,
huí a mi casa y escribí estas líneas
mientras la señora, imagino, ya debería estar
purgando sus adentros
como ahora lo estoy haciendo yo.

al final
no eramos tan diferentes:
lo triste es que
yo me di cuenta
y ella no.

Grata lectura, buen día.
 

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