Autoindulgencia

Fingal

Poeta adicto al portal
Me gusta ser yo mismo y perdonarme
–sospecho que no tengo más remedio–,
achacar mis fracasos al destino,
mi pereza, mis miedos, mi silencio.

Abandono a su suerte mis tareas
hasta que se acostumbran o se largan,
hasta que veo las pelusas sin gafas
en mi ombligo y por el suelo;
sí, hasta que las huelo.

No sé hacer nada por primera vez,
no sé encontrar un sitio nuevo,
no sé recomponer juguetes rotos,
pero sé distinguir un fantasma de un espectro.

Me agotan los asuntos cotidianos:
despertar, trabajar, comer, vestirme,
respirar…

Me gusta enfurecerme mucho, mucho
cuando se cuelan al coger el autobús,
cuando se apropian de un asiento y medio,
cuando le hablan a voces al teléfono,
como si no existieran los demás.
Entonces
les miro mal,
cargado de reproche justiciero.
Y ya está;
nada más.
Todo por dentro, todo pensamiento.

Y así mismo todo:
me gusta imaginarme que soy bueno
sin hacer nada para serlo,
calcular hasta dónde no alcanzo
y no saltar a comprobarlo,
saber amarte con palabras
pero no con los labios.

En realidad
no me gusta nada
nada de todo esto,
pero me explico con paciencia que sí,
todos los días,
todas las noches,
todos los espejos;
refugio de paz vana y mentirosa,
tirado en un sofá gastado y hondo,
frente a un televisor sin TDT,
con mis pelusas, mis fantasmas, mis espectros.



Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 22 de octubre de 2016
© Todos los derechos reservados.
 
Lo importante es estar cómodos. Pero a veces, la voz de la conciencia nos empuja a hacer el Bien. Otros días, sin embargo, es el Mal, el equilibrio. Dado que somos vulnerables, y no podemos permanecer escondidos, durante mucho tiempo. A veces, ese lobo feroz se hace presente. Las malas pulgas. ¿ Qué pulga te pica ? Ese auxilio perpetuo. Esa magnífica noche de los Tiempos. Esa pesadilla que puede ser, nuestra valiosa aliada. Para que el enemigo no se aproveche.
 
Última edición:
Me gusta ser yo mismo y perdonarme
–sospecho que no tengo más remedio–,
achacar mis fracasos al destino,
mi pereza, mis miedos, mi silencio.

Abandono a su suerte mis tareas
hasta que se acostumbran o se largan,
hasta que veo las pelusas sin gafas
en mi ombligo y por el suelo;
sí, hasta que las huelo.

No sé hacer nada por primera vez,
no sé encontrar un sitio nuevo,
no sé recomponer juguetes rotos,
pero sé distinguir un fantasma de un espectro.

Me agotan los asuntos cotidianos:
despertar, trabajar, comer, vestirme,


Me gusta enfurecerme mucho, mucho
cuando se cuelan al coger el autobús,
cuando se apropian de un asiento y medio,
cuando le hablan a voces al teléfono,
como si no existieran los demás.
Entonces
les miro mal,
cargado de reproche justiciero.
Y ya está;
nada más.
Todo por dentro, todo pensamiento.

Y así mismo todo:
me gusta imaginarme que soy bueno
sin hacer nada para serlo,
calcular hasta dónde no alcanzo
y no saltar a comprobarlo,
saber amarte con palabras
pero no con los labios.

En realidad
no me gusta nada
nada de todo esto,
pero me explico con paciencia que sí,
todos los días,
todas las noches,
todos los espejos;
refugio de paz vana y mentirosa,
tirado en un sofá gastado y hondo,
frente a un televisor sin TDT,
con mis pelusas, mis fantasmas, mis espectros.



Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 22 de octubre de 2016
© Todos los derechos reservados.

*Querido Fingal que gusto verte de nuevo y ver tu hermosa poesía tan reflexiva sabes el peor juez somos nosotros mismos yo tambien soy asi cometo un error y digo porque lo hice,no y revuelco la cabeza.Jeje.Y es cierto que lo cotidiano a veces cansa y quisiéramos escapar.pero sabes? yo tengo un formula para que lo cotidiano no mate y es aunque no lo creas, rezar pues luego todo lo veo lleno de color hasta lo malo lo sobrellevo con alegría y buen humor jeje Un besote lindo amigo.
***
 
Lo importante es estar cómodos. Pero a veces, la voz de la conciencia nos empuja a hacer el Bien. Otros días, sin embargo, es el Mal, el equilibrio. Dado que somos vulnerables, y no podemos permanecer escondidos, durante mucho tiempo. A veces, ese lobo feroz se hace presente. Las malas pulgas. ¿ Qué pulga te pica ? Ese auxilio perpetuo. Esa magnífica noche de los Tiempos. Esa pesadilla que puede ser, nuestra valiosa aliada. Para que el enemigo no se aproveche.

Muchas gracias, Nommo, por este comentario tan acertado y tan cuidado. No es fácil definir eso del bien y el mal, además así en mayúsculas... En estos momentos me conformo con distinguir comportamientos más sociales y comportamientos más egoístas.
 
Es el mejor poema que he leído de tu pluma. Exelente . Un divagar con profundidad. Felicitaciones Álvaro. Sigue adelante.

¿El mejor? Guauuu, gracias. Siempre es bueno que el último sea el mejor. Es como que sigues avanzando. Sigo, sigo adelante. Me he apuntado a un taller de poesía. Esto en realidad fue mi primer ejercicio, un contra retrato, que nos pidió el profesor.
 
*Querido Fingal que gusto verte de nuevo y ver tu hermosa poesía tan reflexiva sabes el peor juez somos nosotros mismos yo tambien soy asi cometo un error y digo porque lo hice,no y revuelco la cabeza.Jeje.Y es cierto que lo cotidiano a veces cansa y quisiéramos escapar.pero sabes? yo tengo un formula para que lo cotidiano no mate y es aunque no lo creas, rezar pues luego todo lo veo lleno de color hasta lo malo lo sobrellevo con alegría y buen humor jeje Un besote lindo amigo.

Muchas, gracias, edith, por tu siempre amable y dulce visita y comentario. Sí me creo que rezar te ayude. Por eso no me gusta entrometerme en las creencias de los demás, porque creo que cada uno va a encontrando lo que mejor le sirve. Pero a mí rezar no me sirve. Creo que a cambio me enamoro...
 
Me gusta ser yo mismo y perdonarme
–sospecho que no tengo más remedio–,
achacar mis fracasos al destino,
mi pereza, mis miedos, mi silencio.

Abandono a su suerte mis tareas
hasta que se acostumbran o se largan,
hasta que veo las pelusas sin gafas
en mi ombligo y por el suelo;
sí, hasta que las huelo.

No sé hacer nada por primera vez,
no sé encontrar un sitio nuevo,
no sé recomponer juguetes rotos,
pero sé distinguir un fantasma de un espectro.

Me agotan los asuntos cotidianos:
despertar, trabajar, comer, vestirme,
respirar…

Me gusta enfurecerme mucho, mucho
cuando se cuelan al coger el autobús,
cuando se apropian de un asiento y medio,
cuando le hablan a voces al teléfono,
como si no existieran los demás.
Entonces
les miro mal,
cargado de reproche justiciero.
Y ya está;
nada más.
Todo por dentro, todo pensamiento.

Y así mismo todo:
me gusta imaginarme que soy bueno
sin hacer nada para serlo,
calcular hasta dónde no alcanzo
y no saltar a comprobarlo,
saber amarte con palabras
pero no con los labios.

En realidad
no me gusta nada
nada de todo esto,
pero me explico con paciencia que sí,
todos los días,
todas las noches,
todos los espejos;
refugio de paz vana y mentirosa,
tirado en un sofá gastado y hondo,
frente a un televisor sin TDT,
con mis pelusas, mis fantasmas, mis espectros.



Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 22 de octubre de 2016
© Todos los derechos reservados.


Noto un estilo diferente al tuyo en la forma y me gusta. En cuanto al fondo, siento que sigues con la implicación de la vida y también me gusta.

Felicidades Álvaro,

Palmira
 
Me gusta ser yo mismo y perdonarme
–sospecho que no tengo más remedio–,
achacar mis fracasos al destino,
mi pereza, mis miedos, mi silencio.

Abandono a su suerte mis tareas
hasta que se acostumbran o se largan,
hasta que veo las pelusas sin gafas
en mi ombligo y por el suelo;
sí, hasta que las huelo.

No sé hacer nada por primera vez,
no sé encontrar un sitio nuevo,
no sé recomponer juguetes rotos,
pero sé distinguir un fantasma de un espectro.

Me agotan los asuntos cotidianos:
despertar, trabajar, comer, vestirme,
respirar…

Me gusta enfurecerme mucho, mucho
cuando se cuelan al coger el autobús,
cuando se apropian de un asiento y medio,
cuando le hablan a voces al teléfono,
como si no existieran los demás.
Entonces
les miro mal,
cargado de reproche justiciero.
Y ya está;
nada más.
Todo por dentro, todo pensamiento.

Y así mismo todo:
me gusta imaginarme que soy bueno
sin hacer nada para serlo,
calcular hasta dónde no alcanzo
y no saltar a comprobarlo,
saber amarte con palabras
pero no con los labios.

En realidad
no me gusta nada
nada de todo esto,
pero me explico con paciencia que sí,
todos los días,
todas las noches,
todos los espejos;
refugio de paz vana y mentirosa,
tirado en un sofá gastado y hondo,
frente a un televisor sin TDT,
con mis pelusas, mis fantasmas, mis espectros.



Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 22 de octubre de 2016
© Todos los derechos reservados.

Yo creo que este poema es extraordinario, Álvaro. Es un trabajo redondo. El poeta se muestra en su esencia más pura, liberado de ornamentos innecesarios, no renunciando, sin embargo, al cuidado ritmo y a la búsqueda de la palabra exacta que requiere la poesía de línea clara que tanto me gusta.
Mi aplauso y un fuerte abrazo para ti.
 
Noto un estilo diferente al tuyo en la forma y me gusta. En cuanto al fondo, siento que sigues con la implicación de la vida y también me gusta.

Felicidades Álvaro,

Palmira

Yo creo que este poema es extraordinario, Álvaro. Es un trabajo redondo. El poeta se muestra en su esencia más pura, liberado de ornamentos innecesarios, no renunciando, sin embargo, al cuidado ritmo y a la búsqueda de la palabra exacta que requiere la poesía de línea clara que tanto me gusta.
Mi aplauso y un fuerte abrazo para ti.

Gracias, Palmira, a mí me gusta cuando rescatas algún poema que se estaba quedando ya en el olvido. Gracias, Luis. Te lo he dicho ya varias veces, eres una de las personas que más me apoya para seguir escribiendo. Te aseguro que ese apoyo no pasa desapercibido.

Me apunté a un taller de poesía y este fue el primer ejercicio que nos planteó el profesor. El contra-retrato. Hablar de uno mismo, con la verdad por delante, sacando (confesando) las imperfecciones, todo eso tan humano que a veces nos gustaría esconder debajo de la alfombra, pero que sigue ahí. Quizá por eso el estilo es diferente, no es, efectivamente, el tipo de poema que suelo escribir. En este poema creo recordar que no me preocupé excesivamente del ritmo, aunque sí empecé a medir algunos endecasílabos y a procurar que los acentos rítmicos estuvieran bien colocados. El uso de la rima, por ejemplo, es caótico, ni buscada siguiendo algún patrón, ni evitada, como correspondería a un poema en verso blanco; eso que yo llamaba "rima casual", pero que ahora ya he abandonado.

Un abrazo a los dos,

Álvaro
 

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