Malucita
Poeta recién llegado
Tan fiel no más a mi ensueño;
sin ver la luz, aquel día,
me abrazó el fecundo empeño,
¡Que desde su piel salía!
Volaban libres los versos,
de la fértil sed del alma.
Y los cánticos inmersos:
cedían mi voz de calma.
Vestía con huella ardida
ebria seducción naciente.
-¡Cuán agua tan atrevida!-
Dije, y en ley, sabiamente.
Era un alud de emoción
aquellos ecos pueriles,
del arroyo en la ilusión
salían: ¡celos gentiles!
sin ver la luz, aquel día,
me abrazó el fecundo empeño,
¡Que desde su piel salía!
Volaban libres los versos,
de la fértil sed del alma.
Y los cánticos inmersos:
cedían mi voz de calma.
Vestía con huella ardida
ebria seducción naciente.
-¡Cuán agua tan atrevida!-
Dije, y en ley, sabiamente.
Era un alud de emoción
aquellos ecos pueriles,
del arroyo en la ilusión
salían: ¡celos gentiles!