Hay tantas soledades en mi melancolía,
soledad de mi infancia donde inicié mi vuelo
por el mundo encantado de algún perdido cielo.
¡Ay, cuántas soledades cubren el alma mía!
Solo de adolescente, ¡qué amarga sinfonía!
con angustiosas notas como un solo de chelo;
se inclinan los cipreses al paso de mi duelo,
soledad que repudia la clara luz del día.
Soledades de madre, ay, potrillo asustado,
corazón de leona con alma de gacela,
y un coraje aguerrido que protege lo amado.
Eres fiel compañera de mis noches en vela,
tú haces volar mi verso de otoño enajenado
cual cometa sin hilo, libre y apasionado.
Archivos adjuntos
Última edición: