El ángel caído (seguidillas compuestas)

Fingal

Poeta adicto al portal
Rendí mis armas, niña,
paloma blanca,
por tu voz sin fronteras
y tu esperanza.
Manso en tu nombre
vestí a mis enemigos
de mil perdones.

Te juré mis ideas,
mi honor más puro,
la fe que no tenía,
mi aliento y pulso.
Te juré firme
y tú me acariciaste
tres alas libres.

Te seguí hasta los dioses,
a los olimpos,
a desprender lo humano
de lo divino.
Y fuimos bellos:
miserables y frágiles,
tan indefensos.

Eras la paz de barro,
la compasiva,
paz de nadie y de todos,
humana y limpia.
Eras mirada
que comprende y perdona
todas las lágrimas.

Cantaste a los mezquinos
presos del oro;
amor, belleza y flores
para los lobos.
Pero en su sombra
te arrebataron, niña,
tu sangre, toda.

Oscurecen el alba
sus largos filos,
sus feroces altares
de sacrificio.
Tu cuerpo muerto,
sus crímenes impunes,
tu cuerpo muerto.

Desde entonces mis manos,
garras crispadas,
ejecutan con celo
venganza y rabia.
Siempre contigo
arrastro sus cadáveres
por los abismos.


Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de noviembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
 
Rendí mis armas, niña,
paloma blanca,
por tu voz sin fronteras
y tu esperanza.
Manso en tu nombre
vestí a mis enemigos
de mil perdones.

Te juré mis ideas,
mi honor más puro,
la fe que no tenía,
mi aliento y pulso.
Te juré firme
y tú me acariciaste
tres alas libres.

Te seguí hasta los dioses,
a los olimpos,
a desprender lo humano
de lo divino.
Y fuimos bellos:
miserables y frágiles,
tan indefensos.

Eras la paz de barro,
la compasiva,
paz de nadie y de todos,
humana y limpia.
Eras mirada
que comprende y perdona
todas las lágrimas.

Cantaste a los mezquinos
presos del oro;
amor, belleza y flores
para los lobos.
Pero en su sombra
te arrebataron, niña,
tu sangre, toda.

Oscurecen el alba
sus largos filos,
sus feroces altares
de sacrificio.
Tu cuerpo muerto,
sus crímenes impunes,
tu cuerpo muerto.

Desde entonces mis manos,
garras crispadas,
ejecutan con celo
venganza y rabia.
Siempre contigo
arrastro sus cadáveres
por los abismos.


Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de noviembre de 2016
© Todos los derechos reservados.

Increiblemente hermoso...de preciosas imágenes y ambiente mitológico...es un poema que invita a su repetida lectura y un profundo análisis...
 
Rendí mis armas, niña,
paloma blanca,
por tu voz sin fronteras
y tu esperanza.
Manso en tu nombre
vestí a mis enemigos
de mil perdones.

Te juré mis ideas,
mi honor más puro,
la fe que no tenía,
mi aliento y pulso.
Te juré firme
y tú me acariciaste
tres alas libres.

Te seguí hasta los dioses,
a los olimpos,
a desprender lo humano
de lo divino.
Y fuimos bellos:
miserables y frágiles,
tan indefensos.

Eras la paz de barro,
la compasiva,
paz de nadie y de todos,
humana y limpia.
Eras mirada
que comprende y perdona
todas las lágrimas.

Cantaste a los mezquinos
presos del oro;
amor, belleza y flores
para los lobos.
Pero en su sombra
te arrebataron, niña,
tu sangre, toda.

Oscurecen el alba
sus largos filos,
sus feroces altares
de sacrificio.
Tu cuerpo muerto,
sus crímenes impunes,
tu cuerpo muerto.

Desde entonces mis manos,
garras crispadas,
ejecutan con celo
venganza y rabia.
Siempre contigo
arrastro sus cadáveres
por los abismos.


Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de noviembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
Con qué perfección has tejido este encaje en estas seguidillas a las que uniendo esos tres versos finales en cada estrofa conforman un poema de gran lirismo. Estas seguidillas compuestas son un claro ejemplo de una bellísima composición que el respeto a la estructura clásica puede llevar a cabo.
Felicitaciones que desean todo lo mejor al poema y a su autor.
Salvador.
 
Rendí mis armas, niña,
paloma blanca,
por tu voz sin fronteras
y tu esperanza.
Manso en tu nombre
vestí a mis enemigos
de mil perdones.

Te juré mis ideas,
mi honor más puro,
la fe que no tenía,
mi aliento y pulso.
Te juré firme
y tú me acariciaste
tres alas libres.

Te seguí hasta los dioses,
a los olimpos,
a desprender lo humano
de lo divino.
Y fuimos bellos:
miserables y frágiles,
tan indefensos.

Eras la paz de barro,
la compasiva,
paz de nadie y de todos,
humana y limpia.
Eras mirada
que comprende y perdona
todas las lágrimas.

Cantaste a los mezquinos
presos del oro;
amor, belleza y flores
para los lobos.
Pero en su sombra
te arrebataron, niña,
tu sangre, toda.

Oscurecen el alba
sus largos filos,
sus feroces altares
de sacrificio.
Tu cuerpo muerto,
sus crímenes impunes,
tu cuerpo muerto.

Desde entonces mis manos,
garras crispadas,
ejecutan con celo
venganza y rabia.
Siempre contigo
arrastro sus cadáveres
por los abismos.


Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de noviembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
Mis aplausos, Álvaro. Las has bordado. No hay un solo fallo, métrica perfecta, con todos los ritmos clavados, manteniendo la rima asonante para los primeros cuatro versos de cada estrofa, y la propia para los tres siguientes, y a todo lo largo del poema.
Excelentes seguidillas compuestas, amigo mío. Te felicito.
Un fuerte abrazo.
 
Rendí mis armas, niña,
paloma blanca,
por tu voz sin fronteras
y tu esperanza.
Manso en tu nombre
vestí a mis enemigos
de mil perdones.

Te juré mis ideas,
mi honor más puro,
la fe que no tenía,
mi aliento y pulso.
Te juré firme
y tú me acariciaste
tres alas libres.

Te seguí hasta los dioses,
a los olimpos,
a desprender lo humano
de lo divino.
Y fuimos bellos:
miserables y frágiles,
tan indefensos.

Eras la paz de barro,
la compasiva,
paz de nadie y de todos,
humana y limpia.
Eras mirada
que comprende y perdona
todas las lágrimas.

Cantaste a los mezquinos
presos del oro;
amor, belleza y flores
para los lobos.
Pero en su sombra
te arrebataron, niña,
tu sangre, toda.

Oscurecen el alba
sus largos filos,
sus feroces altares
de sacrificio.
Tu cuerpo muerto,
sus crímenes impunes,
tu cuerpo muerto.

Desde entonces mis manos,
garras crispadas,
ejecutan con celo
venganza y rabia.
Siempre contigo
arrastro sus cadáveres
por los abismos.
por lo del ángel caído pensé que le dedicabas al diablo... jejejej
saludos
 
Rendí mis armas, niña,
paloma blanca,
por tu voz sin fronteras
y tu esperanza.
Manso en tu nombre
vestí a mis enemigos
de mil perdones.

Te juré mis ideas,
mi honor más puro,
la fe que no tenía,
mi aliento y pulso.
Te juré firme
y tú me acariciaste
tres alas libres.

Te seguí hasta los dioses,
a los olimpos,
a desprender lo humano
de lo divino.
Y fuimos bellos:
miserables y frágiles,
tan indefensos.

Eras la paz de barro,
la compasiva,
paz de nadie y de todos,
humana y limpia.
Eras mirada
que comprende y perdona
todas las lágrimas.

Cantaste a los mezquinos
presos del oro;
amor, belleza y flores
para los lobos.
Pero en su sombra
te arrebataron, niña,
tu sangre, toda.

Oscurecen el alba
sus largos filos,
sus feroces altares
de sacrificio.
Tu cuerpo muerto,
sus crímenes impunes,
tu cuerpo muerto.

Desde entonces mis manos,
garras crispadas,
ejecutan con celo
venganza y rabia.
Siempre contigo
arrastro sus cadáveres
por los abismos.


Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de noviembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
Excelentes seguidillas, estimado Álvaro, tienen mi APTO.
Un cordial saludo.
 
Increiblemente hermoso...de preciosas imágenes y ambiente mitológico...es un poema que invita a su repetida lectura y un profundo análisis...

Con qué perfección has tejido este encaje en estas seguidillas a las que uniendo esos tres versos finales en cada estrofa conforman un poema de gran lirismo. Estas seguidillas compuestas son un claro ejemplo de una bellísima composición que el respeto a la estructura clásica puede llevar a cabo.
Felicitaciones que desean todo lo mejor al poema y a su autor.
Salvador.

Simplemente fabuloso. Saludos.

Muy bellas seguidillas, hechas con mucho lirismo, saludos.

Mis aplausos, Álvaro. Las has bordado. No hay un solo fallo, métrica perfecta, con todos los ritmos clavados, manteniendo la rima asonante para los primeros cuatro versos de cada estrofa, y la propia para los tres siguientes, y a todo lo largo del poema.
Excelentes seguidillas compuestas, amigo mío. Te felicito.
Un fuerte abrazo.

Excelentes seguidillas, estimado Álvaro,

Muchas gracias a todos por los comentarios tan amables. :)
 

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