Aporías de un apátrida en Moscú.

Faustgalen

Poeta recién llegado
Reemplazando ideales ingenuos con abulia,
Las balas surcan el tejido, como serafines, entre un encéfalo desangrado,
En el vaivén de un alma desgastada condenada al cocitos,
Martillando entre la bondad y rezándole al honor han muerto los hombres,
De los cuales, aún se oye el grito desgarrador en los eones, guarnecidos en bronce,
¿Quiénes son las sobras del genio de la especie es la pregunta?
Todo está muerto y el invierno en Moscú es la refutación que recuerda esta muerte,
¿A dónde escaparemos, si cortamos de raíz nuestras alas de ángeles sin norte?

Hay días en que la carne se confunde con la nieve,
En una marcha desengañada hacia la blancura de la muerte,
Y las lágrimas caen como granos, y los poemas se escriben con los dedos azulados,
Mirando la nada y absorto en el metro de Moscú,
Ora patinando en el lago congelado y tocando el violín entre risitas de jovencitas de tez cadavérica,
¿Cuándo nacerán los profetas que escriban sobre el tránsito hacia la eternidad?
Y la respuesta se encuentra en los epitafios,
En los puños cerrados,
En el entrecejo arrugado del sopor de cianuro,
En los rituales de tararear grimorios nunca escritos,
En el abrazo de la nada antes de la cena.

No es el frío de Moscú la peor reafirmación hacia la vida,
Es la espera de la primavera en el tedio,
De donde vengo las primaveras se leen en libros de heroísmo,
Que aún no se escriben,
¡Tierra maldita... henchida de ruido para no oírse!
Habitada de muertos demasiados sonrientes,
Y los cementerios es lo mejor que tienen,
En Moscú tienen a los cuervos por las mañanas, de donde vengo las campanas.
 
Reemplazando ideales ingenuos con abulia,
Las balas surcan el tejido, como serafines, entre un encéfalo desangrado,

En el vaivén de un alma desgastada condenada al cocitos,
Martillando entre la bondad y rezándole al honor han muerto los hombres,
De los cuales, aún se oye el grito desgarrador en los eones, guarnecidos en bronce,
¿Quiénes son las sobras del genio de la especie es la pregunta?
Todo está muerto y el invierno en Moscú es la refutación que recuerda esta muerte,
¿A dónde escaparemos, si cortamos de raíz nuestras alas de ángeles sin norte?

Hay días en que la carne se confunde con la nieve,

En una marcha desengañada hacia la blancura de la muerte,
Y las lágrimas caen como granos, y los poemas se escriben con los dedos azulados,
Mirando la nada y absorto en el metro de Moscú,
Ora patinando en el lago congelado y tocando el violín entre risitas de jovencitas de tez cadavérica,
¿Cuándo nacerán los profetas que escriban sobre el tránsito hacia la eternidad?
Y la respuesta se encuentra en los epitafios,
En los puños cerrados,
En el entrecejo arrugado del sopor de cianuro,
En los rituales de tararear grimorios nunca escritos,
En el abrazo de la nada antes de la cena.

No es el frío de Moscú la peor reafirmación hacia la vida,

Es la espera de la primavera en el tedio,
De donde vengo las primaveras se leen en libros de heroísmo,
Que aún no se escriben,
¡Tierra maldita... henchida de ruido para no oírse!
Habitada de muertos demasiados sonrientes,
Y los cementerios es lo mejor que tienen,
En Moscú tienen a los cuervos por las mañanas, de donde vengo las campanas.
Grata lectura, saludos.
 
Escaparemos a Brasil. Escaparemos a África. Escaparemos a China. Escaparemos a Italia. Escaparemos a España. Escaparemos... Pero siempre, siempre, siempre, seremos Mensch. Personas de integridad y honor.
 

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