Antomar Alas
Poeta recién llegado
Dolencia, no es vida sin tu esencia
En repudios agotados
se percha un clarinero
mientras danzorea sus álidas pieles.
Fuerza, clarín desolado,
que el estigma nos rajará eternamente.
Bah, estigma.
Bah, dolor de pieles y sucesos.
Nunca resplandeceremos
después de habernos agotado.
Y nos agotamos en llantos
de dramaturgas,
así como en sollozos de animales.
El lamento lame las sucias vanidades;
las manosea ahuyentándolas.
El lamento roe el canto
a las clavijas encordadas.
El mugre lamento esta límpido,
pero no a nuestras aguas,
pero no a nuestra simpatía;
aunque nos es íntimo
e indescriptible,
como las interrogantes y las atracciones.
¿Por qué, qué seríamos
sin una pizca de dolencia?
En repudios agotados
se percha un clarinero
mientras danzorea sus álidas pieles.
Fuerza, clarín desolado,
que el estigma nos rajará eternamente.
Bah, estigma.
Bah, dolor de pieles y sucesos.
Nunca resplandeceremos
después de habernos agotado.
Y nos agotamos en llantos
de dramaturgas,
así como en sollozos de animales.
El lamento lame las sucias vanidades;
las manosea ahuyentándolas.
El lamento roe el canto
a las clavijas encordadas.
El mugre lamento esta límpido,
pero no a nuestras aguas,
pero no a nuestra simpatía;
aunque nos es íntimo
e indescriptible,
como las interrogantes y las atracciones.
¿Por qué, qué seríamos
sin una pizca de dolencia?
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