El sonido chirriante de la tiza,
que arañaba rabiosa la pizarra,
como queja velada se desgarra
y en el el negro tablero se desliza.
La niña de ojos verdes, piel cobriza,
con temblorosa voz en llanto narra
que ya no escucha el canto de cigarra,
que solo hay soledad en su ceniza.
No me hables del perfume de la rosa,
he visto un bombardeo sobre Alepo,
¡es la vida tan cruel y peligrosa!
la infancia, que otra vez sufre este cepo,
hoy nos muestra esa imagen tan monstruosa;
perdonadme si al mismo Dios increpo.
que arañaba rabiosa la pizarra,
como queja velada se desgarra
y en el el negro tablero se desliza.
La niña de ojos verdes, piel cobriza,
con temblorosa voz en llanto narra
que ya no escucha el canto de cigarra,
que solo hay soledad en su ceniza.
No me hables del perfume de la rosa,
he visto un bombardeo sobre Alepo,
¡es la vida tan cruel y peligrosa!
la infancia, que otra vez sufre este cepo,
hoy nos muestra esa imagen tan monstruosa;
perdonadme si al mismo Dios increpo.
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