Álex Hernández
Poeta recién llegado
Hay días en los que me pregunto,
qué jodidos ves en mi,
para quedarte aquí.
Me recibes con una sonrisa burlona,
diciendo que jamás habrá un sol
que baile mejor que mi risa.
Y yo de imbécil, te beso los pies:
llevas mis manos a la mitad del ombligo
con la excusa de que no debería
deshojar margaritas,
cuando lo único que debería hacernos,
es feliz.
Y yo como un imbécil,
te veo correr en ambas direcciones.
Te he visto bailar con los pies descalzos
al final del túnel: llevarte las manos
debajo de la flor.
Tú,
quien conquistas todos los extremos
del café por la tarde, y unes uno a uno
todos los lunares que habré de encontrarte,
te digo amor,
que si no fueses tan desmesuradamente
maravillosa,
me habrías dejado ya.
Y te gana la risa.
Y me dices: “Joder, imbécil, te quiero” mientras susurro entre labios: “No es para tanto”… Y ese para tanto, es todo lo que importa ahora.
— Álex Hernández.
qué jodidos ves en mi,
para quedarte aquí.
Me recibes con una sonrisa burlona,
diciendo que jamás habrá un sol
que baile mejor que mi risa.
Y yo de imbécil, te beso los pies:
llevas mis manos a la mitad del ombligo
con la excusa de que no debería
deshojar margaritas,
cuando lo único que debería hacernos,
es feliz.
Y yo como un imbécil,
te veo correr en ambas direcciones.
Te he visto bailar con los pies descalzos
al final del túnel: llevarte las manos
debajo de la flor.
Tú,
quien conquistas todos los extremos
del café por la tarde, y unes uno a uno
todos los lunares que habré de encontrarte,
te digo amor,
que si no fueses tan desmesuradamente
maravillosa,
me habrías dejado ya.
Y te gana la risa.
Y me dices: “Joder, imbécil, te quiero” mientras susurro entre labios: “No es para tanto”… Y ese para tanto, es todo lo que importa ahora.
— Álex Hernández.