No sé que me arranca más,
si los colores
o las letras.
Con los colores me sale la suavidad,
el azul placentero,
la niebla que me envuelve aquí,
el verde que tanto quiero.
El cielo se vuelve blanco,
gris a veces.
La fuerza la llevan los naranjos
con el sol dentro,
peleando con la mimosa
y cuajando el albero de lunares,
saltando según se les antoje a las hojas,
dando entrada a las lanzas blancas del sol
hacia el suelo.
Por las letras, no por las palabras,
me sale el fuego
como si de un horno se tratara,
con la puertecita cerrada
cálida me siento;
cuando ella se abre
sálto en llamas
y me quemo en mi propio incendio,
pero sólo el papel me reconoce
en ese espejo de plata,
el papel y mi corazón
que sabe de esas historias calladas
y que pujan por salir al encuentro de las palabras.
Mis cuentos lo invaden todo,
todo lo colman, lo atrapan
y se expanden como el fuego y el aire juntos
y como la brisa tenue;
sólo lo notan
los que atentos saben sentir
historias calladas.
si los colores
o las letras.
Con los colores me sale la suavidad,
el azul placentero,
la niebla que me envuelve aquí,
el verde que tanto quiero.
El cielo se vuelve blanco,
gris a veces.
La fuerza la llevan los naranjos
con el sol dentro,
peleando con la mimosa
y cuajando el albero de lunares,
saltando según se les antoje a las hojas,
dando entrada a las lanzas blancas del sol
hacia el suelo.
Por las letras, no por las palabras,
me sale el fuego
como si de un horno se tratara,
con la puertecita cerrada
cálida me siento;
cuando ella se abre
sálto en llamas
y me quemo en mi propio incendio,
pero sólo el papel me reconoce
en ese espejo de plata,
el papel y mi corazón
que sabe de esas historias calladas
y que pujan por salir al encuentro de las palabras.
Mis cuentos lo invaden todo,
todo lo colman, lo atrapan
y se expanden como el fuego y el aire juntos
y como la brisa tenue;
sólo lo notan
los que atentos saben sentir
historias calladas.