Tiempo y destino.

El Tiempo es una persona, muy exigente.
Perfeccionista.
Meticulosa.
Detallista.
Armoniosa.
Leal.
O sea, un amigo. El Tiempo es un amigo que a veces, es insufrible.
Ese amigo que te educa, ¿ Verdad ? Te instruye.
Te maneja. Te gobierna.
Te adecenta.
Te peina, te lava, te ducha.
 
Paulatinamente pasan los días con sus dichas y penas
e imperecederas, las bailarinas, en su carrusel
circundando su esfera.
Que soberbia ilusa, creer que regimos de nuestro tiempo
cuando el tiempo es un ente, que está, pero no está.
Habla, pero silenciosamente en tu piel.
Se siente, pero no se palpa.
Te envuelve, pero no te arropa.
La cara no es el espejo del alma.
El espejo, es el alma del tiempo y el tiempo,
es quien se refleja en tu cara.


Ambiguo es el tiempo
en su esencia clara, en su esencia oscura.
No converge nunca hacia un mismo punto
es un tren que cambia constantemente de vía.
Es extenso y angosto.
Efímero y diáfano.
Fugaz, cuando sientes dicha.
pertinaz, cuando el mal te acecha.

Hermanados acérrimos, el tiempo y el destino.
Sellando contratos a diestro y siniestro
con omisión flagrante a quien apela una tregua.
Purasangres indomables galopando la existencia.

Tiempo que concedes tiempo, pero sin tiempo de esperas.
Destino que al Edén venciste, hasta el creador
sucumbió a tu fuerza.












































El tiempo no pasa nos traspasa, bella, intensa y profunda semblanza haces de él en tu poema tocayo Francisco, me gustó sin remedio. Un abrazo. Paco.
 

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