Mi pensamiento hoy ha sido para ti,
Dios de la nada.
Para comenzar con la serenidad
de una roca de la playa
que aunque el agua le azote
y el viento le grite,
ni su piel de verde musgo
se altera,
ni su corazón de piedra
salta de ella
camino de otra arena
más dorada.
Hoy mi pensamiento está sereno
como un pozo, en un desierto
con agua,
donde los caminantes llegan,
se sientan al lado de sus palmeras,
se inclinan sobre su brocal y se marchan
dejando su fondo tranquilo
como de azogue,
hasta que el siguiente andante
lo agite de nuevo sin asustarle.
Quiero llenarme de este agua serena,
de este pensamiento,
para que cuando la tormenta llegue
y me haga trizas mis cimientos
y me grite el aire
hasta que mi corazón salte,
meterme en el pozo de la paciencia
de la quietud serena
hasta saciarme,
y cuando de ti me harte,
agua serena,
encaramarme a tu soga,
Dios de la nada,
y seguir mi camino
a ninguna parte.
Dios de la nada.
Para comenzar con la serenidad
de una roca de la playa
que aunque el agua le azote
y el viento le grite,
ni su piel de verde musgo
se altera,
ni su corazón de piedra
salta de ella
camino de otra arena
más dorada.
Hoy mi pensamiento está sereno
como un pozo, en un desierto
con agua,
donde los caminantes llegan,
se sientan al lado de sus palmeras,
se inclinan sobre su brocal y se marchan
dejando su fondo tranquilo
como de azogue,
hasta que el siguiente andante
lo agite de nuevo sin asustarle.
Quiero llenarme de este agua serena,
de este pensamiento,
para que cuando la tormenta llegue
y me haga trizas mis cimientos
y me grite el aire
hasta que mi corazón salte,
meterme en el pozo de la paciencia
de la quietud serena
hasta saciarme,
y cuando de ti me harte,
agua serena,
encaramarme a tu soga,
Dios de la nada,
y seguir mi camino
a ninguna parte.