Delato su aroma picante y adictivo, sulfurado
por la sudoración arrojada desde su mercadería.
Licor justo. Evangelización en ascenso.
Descifro férreamente su humedad, su madriguera,
su retiro de virgen estipulada desde antes de
ocupada su conciencia.
Produzco y reproduzco el movimiento, la sacudida
que mantiene ocupada las estructuras de nuestras
pelvis.
Deshechas las cabalgaduras, atiborrados los
tendones por tanto desafío, la sumerjo hasta que la
luna condense la violencia consensuada.