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Orphenica Lyra (III)

prcantos

λίθον ͑ον απεδοκίμασαν ͑οι οικοδομουντες
Orphenica Lyra (III)
(Romance de Eurídice)

La blanca ninfa de agua
en el mármol de la fuente,
con un tesoro escondido
por el mapa de su vientre,
trenzaba su negro pelo
con rubios versos de oriente
y dos promesas de luna
tras sus vestidos celestes,
entre un amor que la llama
y un pudor que la entretiene,
galana de bravo mar
y cumbre de puras nieves.
En el cristal se miraba
y vio un caballo solemne,
y sobre el caballo un niño
coronado de laureles.
Y vio una mano encendida
granada en rojos claveles,
y una cítara sin cuerdas
con cintas y cascabeles.
Y las cintas de colores,
reptiles como serpientes,
se enroscan en un olivo
de tronco seco e inerte.
Y al apretar la madera
rodaron manzanas verdes
y las cintas las mordieron
por devorar su simiente
como una fugaz medusa
hambienta de savia imberbe.
Pero la ninfa asustada
alargó su mano tenue
tocando líquida argenta
con su dedo fino y leve;
y en un concéntrico mutis
el espejo se disuelve.
¡Oh, bella ninfa de agua,
oráculo que no miente!
Agua que no has de beber,
déjala mejor corriente.
 
Cada nuevo poema tuyo que leo, amigo, no hace más que confirmarme qué tamaño de poeta eres; esta narración en formato de romance que haces de la mítica mordedura que hizo una sierpe a la bella Ninfa que enamoró a Morfeo y que le costó la vida, es de una belleza total; extraigo estos versos como ejemplo de lo que digo:

"...con un tesoro escondido
por el mapa de su vientre,
trenzaba su negro pelo
con rubios versos de oriente
y dos promesas de luna
tras sus vestidos celestes..."


¿Se puede describir de forma más bella y erótica la traslúcida desnudez de Eurídice?, yo lo dudo.

Mi felicitación con un saludo afectuoso.




Orphenica Lyra (III)
(Romance de Eurídice)

La blanca ninfa de agua
en el mármol de la fuente,
con un tesoro escondido
por el mapa de su vientre,
trenzaba su negro pelo
con rubios versos de oriente
y dos promesas de luna
tras sus vestidos celestes,
entre un amor que la llama
y un pudor que la entretiene,
galana de bravo mar
y cumbre de puras nieves.
En el cristal se miraba
y vio un caballo solemne,
y sobre el caballo un niño
coronado de laureles.
Y vio una mano encendida
granada en rojos claveles,
y una cítara sin cuerdas
con cintas y cascabeles.
Y las cintas de colores,
reptiles como serpientes,
se enroscan en un olivo
de tronco seco e inerte.
Y al apretar la madera
rodaron manzanas verdes
y las cintas las mordieron
por devorar su simiente
como una fugaz medusa
hambienta de savia imberbe.
Pero la ninfa asustada
alargó su mano tenue
tocando líquida argenta
con su dedo fino y leve;
y en un concéntrico mutis
el espejo se disuelve.
¡Oh, bella ninfa de agua,
oráculo que no miente!
Agua que no has de beber,
déjala mejor corriente.
 
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