Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Yo pude amarte con la misma pasión de las hojas en blanco. Amarte igual que a las mañanas desfiguradas. Yo pude quererte, y no pretendí quererte. Qué casualidad el no haberte visto nunca en los parques, en los cines, en las tiendas, en el humo del bar, y encontrarte ahora en el cuenco de mi ombligo. Qué casualidad no haberte oído antes en el silencio. En ese silencio que conjuga la nada con el signo de mi pecho. La eclosión que se nutre a cada paso navegando sin rumbo entre los sueños. Un sueño en la palabra, piel desnuda como renglón que agota mi presente. Viviré entre las hojas en blanco, donde la lluvia es vieja y el tiempo no transcurre. La calma que solicito ellas me la brindan. Es calma posada, macerada si cabe por tantas palabras reunidas que no pueden caberme en el pecho. Cada hoja es una ola que arriba en las costas del alma, que se estrella en tu costado como nave sin amarras. Cada hoja es una ola, una ola enamorada. Las hojas siguen cayendo, siguen diciendo palabras que no logro descifrar; palabras en movimiento, palabras en las que cabe el tiempo. Se caen de la boca sin entenderlas, como empujadas por la inercia de los pasos, con la obstinada decisión de perderse. No lo comprendo. No sé por qué han de ir tan deprisa. No entiendo por qué han de caminar tan rápido. No entiendo qué dice ese rumor en tránsito, ni sé a dónde llevan su cargamento.
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