El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
Me dijo que no le abriera si pasaban de las doce,
que por mucho que rogara no me ablandaran sus voces.
Pero ya son menos cuarto y este hombre que no llega,
¿por qué tuvo que salir en noche de luna llena?.
Y se fué sin la escopeta sabiendo que hay algo suelto,
que todo al que ya ha cazado suplica por estar muerto.
Pero el señor quería setas, éste ya no guisa mas,
con lo solo que está el bosque ¡si no sabe cocinar!.
¿Cómo será de hombre lobo? porque de humano va escaso,
¿me gustará mas la bestia que el inefable payaso?.
Ya son las doce, oigo pasos, algo olfatea la puerta,
que gruñidos tan salvajes, hay que ver como calientan.
La ha derribado a zarpazos y se está acercando a mí,
¡madre mía que alegría! ¿pero qué tienes ahí?.
¿Cómo una triste bellota se ha transformado en encina?
¡qué melenas y que fauces!, mi lobo, me has puesto fina.
Me lanzo como una fiera pero se está resistiendo,
se dirige a la ventana, "¿dónde vas tú tan corriendo?".
Usé mi furia uterina y encadenado ha caido,
ya no me gruñe ni aulla, han sido cuatro seguidos.
Desde entonces cuando hay luna lo amarro bien a la cama
y a fuerza de echarme el nudo ha vuelto ha surgir la llama.
Cómo un licántropo nada, es como amar a un demonio;
y pensar que un hombre lobo salvó nuestro matrimonio...
que por mucho que rogara no me ablandaran sus voces.
Pero ya son menos cuarto y este hombre que no llega,
¿por qué tuvo que salir en noche de luna llena?.
Y se fué sin la escopeta sabiendo que hay algo suelto,
que todo al que ya ha cazado suplica por estar muerto.
Pero el señor quería setas, éste ya no guisa mas,
con lo solo que está el bosque ¡si no sabe cocinar!.
¿Cómo será de hombre lobo? porque de humano va escaso,
¿me gustará mas la bestia que el inefable payaso?.
Ya son las doce, oigo pasos, algo olfatea la puerta,
que gruñidos tan salvajes, hay que ver como calientan.
La ha derribado a zarpazos y se está acercando a mí,
¡madre mía que alegría! ¿pero qué tienes ahí?.
¿Cómo una triste bellota se ha transformado en encina?
¡qué melenas y que fauces!, mi lobo, me has puesto fina.
Me lanzo como una fiera pero se está resistiendo,
se dirige a la ventana, "¿dónde vas tú tan corriendo?".
Usé mi furia uterina y encadenado ha caido,
ya no me gruñe ni aulla, han sido cuatro seguidos.
Desde entonces cuando hay luna lo amarro bien a la cama
y a fuerza de echarme el nudo ha vuelto ha surgir la llama.
Cómo un licántropo nada, es como amar a un demonio;
y pensar que un hombre lobo salvó nuestro matrimonio...