Petrificado, el amor, la vida, el dolor…
Las palabras cruzan como peatones imprudentes
ante los pitidos de los conductores desbocados.
Nadie respeta tu calma,
nadie respeta el semáforo.
Cruces de poder, frágiles invocaciones
el muñeco vudú yace sobre las tumba
mi cadáver huele a fresco.
Un desayuno a media tarde en el cementerio
para nadie debiera ser consuelo.
Su capa roja, sus tristes ojos,
sus miedos esparcidos por las lápidas,
sus lágrimas amargas
llorando… ¡viviendo!