niña deshojada

ricardo-57

Poeta recién llegado


Nació del canto de abandono,

a la sombra nefasta del horror,

en cuna de sauce, grama sin color.

De cita libida, encuentro sin decoro.


Dicen que el alma la deshojo a su llegada,

sin trompetas, ni anuncio de clarines, ni nanas.

La impiedad gélida, la dejo con ropa de nada.

Al abrir su llanto a la vida no fue celebrada.


Su boca desconocía la tibia leche de los becerros.

La acuno la soledad, la acaricio un extraño.

De lirios, pétalos y rosas no fue su paño,

hubo fiesta de velas mustias sin candeleros.


Oí que a su encuentro llego la ausencia,

sin obsequios ni risas. Sin muñecas de trapo.

La penumbra fue su anfitriona. Su ropita de harapo.

Nueve lunes lloraron su inocencia.


Al oscurecer, en silencio apagado,

la boca de la noche me hablo.

La muerte piadosa le dio su mano, la llevo

en camino al límite final, le sonrió como un hado.


¡No la he vuelto a ver¡

Cuentan que un ave benévola,

en vuelo airoso cruzó al cielo que la esperaba,

dormía escondida en un sueño

que no abriría al alba.

El sol frunció el ceño

y la estrella nova se detuvo…



Un ángel custodio aguardaba asir su mano.


No vino del amor sino del espanto.


¿Será por eso que he aprendido a amarla tanto?





A los niños que nacen en la ignominia, causada por la apatía de la indiferencia
 
Nació del canto de abandono,

a la sombra nefasta del horror,

en cuna de sauce, grama sin color.

De cita libida, encuentro sin decoro.


Dicen que el alma la deshojo a su llegada,

sin trompetas, ni anuncio de clarines, ni nanas.

La impiedad gélida, la dejo con ropa de nada.

Al abrir su llanto a la vida no fue celebrada.


Su boca desconocía la tibia leche de los becerros.

La acuno la soledad, la acaricio un extraño.

De lirios, pétalos y rosas no fue su paño,

hubo fiesta de velas mustias sin candeleros.


Oí que a su encuentro llego la ausencia,

sin obsequios ni risas. Sin muñecas de trapo.

La penumbra fue su anfitriona. Su ropita de harapo.

Nueve lunes lloraron su inocencia.


Al oscurecer, en silencio apagado,

la boca de la noche me hablo.

La muerte piadosa le dio su mano, la llevo

en camino al límite final, le sonrió como un hado.


¡No la he vuelto a ver¡

Cuentan que un ave benévola,

en vuelo airoso cruzó al cielo que la esperaba,

dormía escondida en un sueño

que no abriría al alba.

El sol frunció el ceño

y la estrella nova se detuvo…



Un ángel custodio aguardaba asir su mano.


No vino del amor sino del espanto.


¿Será por eso que he aprendido a amarla tanto?





A los niños que nacen en la ignominia, causada por la apatía de la indiferencia
La ignominia y la indeferencia como un vapor que trasluce ese espacio donde
la melancolia de las experiencias anudan como un jiron de dolor.
excelente. saludos de luzyabsenta
 

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