Hola, Vicente. Aunque, efectivamente, este no es un foro de musicología, veo que has reunido una buena colección de referencias sobre el asunto del trémolo. Muchas gracias. Me lo apunto para el próximo que me diga que Tárrega lo "inventó" ;-)
Y en cuanto a tu soneto, tienes razón también al poner los interrogantes, pues no te he comentado nada. Y no lo hice en su día, aunque lo leí, porque me desconcertó muchísimo. No en lo formal: se trata, nuevamente, de un soneto impecable como es habitual en tu caso. Como ya te lo han comentado, poco puedo añadir para mejorar lo que ha dicho Elhi Delsue. Destaco el terceto final, que con su exclamación constituye un cierre muy logrado para el poema.
Cuando digo que tu soneto me desconcertó, y esto sí lo quiero comentar, me refiero al contenido y a la estética. A ver, una vieja guitarra olvidada y sin cuerdas se admite. Pero ¿una guitarra sin trastes? No tiene pinta de ser un elemento metafórico, creo. Me pregunto, entonces, quién se entretuvo en arrancárselos, porque como bien sabes no se caen tan fácilmente...
Por otra parte hay una referencia a la "partitura". Actualmente hay quien se dedica profesionalmente al flamenco empleando partituras, pero no es lo normal. Y en el tiempo de Lorca, no digamos. Gitarra de taberna no casa con partitura, a no ser que entendamos partitura como una especie de sinécdoque... En todo caso, parece que "partitura" es un término que viene sencillamente inducido por la rima consonante y por el campo semántico de la música, pero para mí está fuera de contexto en este poema.
Eso en cuanto al contenido. Vamos ahora con la estética. Mi primera contrariedad fue notar que ilustras este poema dedicado a la vieja "guitarra gitana" olvidada en la taberna... con una pieza de salón de Tárrega que está en las antípodas estéticas del flamenco. No importa, eso lo puedo obviar porque se trata (como la discusión musicológica) de un elemento totalmente externo al texto que nos ocupa.
Pero el gran problema reside en la vinculación con García Lorca. Dejemos que él mismo se exprese:
Y son estos cantos, señores, los que desde el último tercio del siglo pasado y lo que llevamos de éste se ha pretendido encerrar en las tabernas mal olientes, o en las mancebías. La época incrédula y terrible de la zarzuela española, la época de Grilo y los cuadros de historia, ha tenido la culpa. Mientras que Rusia ardía en el amor a lo popular, única fuente como dice Roberto Schumann de todo arte verdadero y característico, y en Francia temblaba la ola dorada del impresionismo, en España, país casi único de tradiciones y bellezas populares, era cosa ya de baja estofa la guitarra y el "cante jondo". A medida que avanza el tiempo, este concepto se ha agravado tanto que se hace preciso dar el grito defensivo para cantos tan puros y verdaderos (F. García Lorca, conferencia "El cante jondo, primitivo canto andaluz").
Creo que este pasaje de la conferencia lorquiana es suficiente para comprender cuánto repugnaban a Federico ciertos tópicos. No digo que no disfrutase efectivamente de la música popular en las tabernas que frecuentara, pero hay que reconocer que en su arte nunca admitió ciertas cosas. Incluso su poemario más directamente inspirado en el cante jondo tiene mucho más, por ejemplo, de cubismo o de creacionismo que de folclore. Así, el epígrafe que has elegido para encabezar tu soneto va precedido en el poema de Lorca por estos versos
Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
que a mí me recuerdan más a los cuadros de Picasso o de Juan Gris que a los de Julio Romero de Torres.
Yo no soy nadie para hablar en nombre de Lorca, pero mucho me temo que los tópicos que aprecen en tu soneto no eran de su agrado. Voy a contar, como tú, otra anécdota, que esta vez involucra a Miguel Hernández. En 1933 el poeta de Orihuela espera atentamente la acogida y la respuesta de la crítica a su recién publicado "Perito en lunas". Y no duda en tratar de granjearse el respaldo (y la ayuda) de García Lorca, a esas alturas poeta ya consagrado y muy famoso. Por eso el 30 de Mayo de 1933 Miguel Hernández dirige una carta (no es la primera) a Federico que comienza así:
Dispensa, Lorca, amigo, calorré de nacimiento, el que haya dejado, ¡tanta!, anchura de tiempo entre tu carta y ésta. El dinero me ha faltado, el trabajo ocupado, abril, mayo, fútbol y mujer, agotado, distraído (M. Hernández, Obra completa II, Teatro/Correspondencia, Espasa, Madrid 2010, p. 1507).
Eutimio Martín comenta a propósito de esta carta:
Si en la carta anterior no se había destacado Miguel por sus dotes diplomáticas, ahora va a conseguir enajenarse para siempre toda posible relación amistosa con el granadino. Ya de entrada mete la pata hasta el corvejón tratándole de "calorré de nacimiento". Si algo detestaba Lorca era que lo consideraran o lo trataran de gitano. Hernández lo denomina gitano, utilizando, para más inri, un gitanismo [...] En adelante, Federico García Lorca manifestará una profunda alergia a Miguel Hernández (E. Martín, El oficio de poeta. Miguel Hernández, Aguilar, Madrid 2010, p. 230).
Sabido esto, se comprenderá fácilmente de dónde procede mi desconcierto. Creo que tenemos suficientes razones para pensar que a Federico no le agradaba nada de eso. Y a mí tampoco.
Hubo grandes guitarristas (compositores e intérpretes) que durante siglos se afanaron en la tarea de dignificar la condición de la guitarra, rescatándola de esas "tabernas malolientes" y restaurándola en exquisitos salones románticos y salas de concierto. Después en el siglo XX hubo que rescatarla también de los "refinados salones", pero eso es ya otra historia...
A Federico también habría que rescatarlo, según su deseo, de tantas cosas... Por eso decía al principio que no había comentado tu soneto por el gran desconcierto que me había producido. Pero claro, uno tiene sus pasiones, y al pulsar tú, Vicente, la cuerda de la musicología, pues ya no me pude resistir. Al final esto ha servido para que yo pueda poner en orden y escribir ese desconcierto. En todo caso, tengo que pedirte disculpas por haber entrado directamente al tema musicológico en mi primer mensaje dejando de lado tu poema; tus versos, a pesar de todo lo que he dicho, no se merecían esa ignorancia por mi parte, y te agradezco que me lo hicieses notar delicadamente.
Saludos.