Álex Hernández
Poeta recién llegado
Algunas decían que
siempre fue viudo,
por contradictorio
que parezca.
Nació sin amor,
y a falta de piezas,
se armo de engranaje
el corazón.
Se hundía en el lúgubre
río de la demencia.
Con su barba blanca
y dientes punzantes.
Afilando las navajas
y escondiendo
la mirada.
Era el hombre más triste del barco;
él, que siempre se aferro al timón,
y dejo la vida pasar.
Siempre creyó que el tiempo
estaba de su lado: vaya tonto.
La vida es eso que pasa
mientras tu vas de largo.
Y entre tanta agua,
se vio marchito en su barco:
ya no queda nada.
Y al final,
nadie pudo reparar aquella mirada triste.
— Álex Hernández. El primer rastro de humanidad que vi en aquel hombre de mirada triste.
siempre fue viudo,
por contradictorio
que parezca.
Nació sin amor,
y a falta de piezas,
se armo de engranaje
el corazón.
Se hundía en el lúgubre
río de la demencia.
Con su barba blanca
y dientes punzantes.
Afilando las navajas
y escondiendo
la mirada.
Era el hombre más triste del barco;
él, que siempre se aferro al timón,
y dejo la vida pasar.
Siempre creyó que el tiempo
estaba de su lado: vaya tonto.
La vida es eso que pasa
mientras tu vas de largo.
Y entre tanta agua,
se vio marchito en su barco:
ya no queda nada.
Y al final,
nadie pudo reparar aquella mirada triste.
— Álex Hernández. El primer rastro de humanidad que vi en aquel hombre de mirada triste.