Sara Lebrel
Poeta recién llegado
Has sumado caramelos y regalices
con los dedos,
como los niños que aprenden a contar ilusiones
antes de que la verdad les explote en la cara.
Entre el dinero y lo de siempre,
escogiste el hambre,
las ganas de comer cualquier lengua en escabeche
o con ese sabor entre la menta de tus caramelos
y las jaras de mi acento.
Me cansé de corbatas asadas en el sudor del cuello
de cualquier Romeo de gimnasio.
Lamí los hilos que jamás sería capaz de coser
y te enseñé lo que es un huracán en pleno oído.
Me cansé de charlas de sobremesa
y de peleas sobre la mesa.
Olvida que soy una chica de ciencias
y sigue contando con los dedos.
Olvida esa que te llevas y llévate a ti a cualquier rincón de Cáceres.
Recuerda cómo Jorge reconquistó nuestra ciudad,
cómo seguimos quemando dragones
y bailando a su alrededor.
Cuenta con los dedos, pero no se lo cuentes a nadie.
Que sigan creyendo en libros y rosas
y en pólvora pasada de moda.
Cuenta con mis dedos para contar los pecados
que cometemos.
Porque nos amamos a nosotros por encima de todas las cosas,
porque tomo tu nombre en vano cada vez que te pienso,
porque matamos desilusiones,
porque robamos besos de esos
que llevan a actos impuros y, si no lo hacemos,
lo pensamos.
Menos mal que el undécimo
no nos lo saltamos.
Ese de “Serás feliz”.
con los dedos,
como los niños que aprenden a contar ilusiones
antes de que la verdad les explote en la cara.
Entre el dinero y lo de siempre,
escogiste el hambre,
las ganas de comer cualquier lengua en escabeche
o con ese sabor entre la menta de tus caramelos
y las jaras de mi acento.
Me cansé de corbatas asadas en el sudor del cuello
de cualquier Romeo de gimnasio.
Lamí los hilos que jamás sería capaz de coser
y te enseñé lo que es un huracán en pleno oído.
Me cansé de charlas de sobremesa
y de peleas sobre la mesa.
Olvida que soy una chica de ciencias
y sigue contando con los dedos.
Olvida esa que te llevas y llévate a ti a cualquier rincón de Cáceres.
Recuerda cómo Jorge reconquistó nuestra ciudad,
cómo seguimos quemando dragones
y bailando a su alrededor.
Cuenta con los dedos, pero no se lo cuentes a nadie.
Que sigan creyendo en libros y rosas
y en pólvora pasada de moda.
Cuenta con mis dedos para contar los pecados
que cometemos.
Porque nos amamos a nosotros por encima de todas las cosas,
porque tomo tu nombre en vano cada vez que te pienso,
porque matamos desilusiones,
porque robamos besos de esos
que llevan a actos impuros y, si no lo hacemos,
lo pensamos.
Menos mal que el undécimo
no nos lo saltamos.
Ese de “Serás feliz”.