lesmo
Poeta veterano en el portal
El tiempo, duro, insomne y riguroso
no sabe transcurrir sin el sonido
que hacen los relojes caminantes
marcando el devenir a cada hora.
Golpea el carillón indiferente
dictando, repetida, su sentencia
que escucha el reo en tanto que prosigue
su andadura nocturna de cansancios.
Entonces, con las nubes de recuerdos,
como sombras, se pueblan los rincones
que había aún vacíos e indolentes.
Así, con los instantes, se va haciendo
poco a poco, con gotas, el pasado
que no es ni más ni menos que la suma
de todas las figuras dibujadas
por esas manecillas codiciosas
de la vida,… urdiendo su finito.
Y nunca se sabrá, si se silencian,
el abrirse nocturno de las rosas,
ni las olas constantes y marchitas,
ni las voces que vienen de los sueños,
ni los besos cubiertos de penumbra,
ni tantas otras cosas que suceden
en los tibios momentos de vigilia,
qué tuvieron que ver cuando se forma,
-como un río se llena de aflüentes-,
el cúmulo febril de sentimientos.
Y así de lento, así, sin darse cuenta,
pausadamente, en calma, en el Oriente
aparecen las nubes en sanguinas.
Inverso es este ocaso de las noches.
Y al tiempo, duro, insomne y riguroso,
golpea el carillón indiferente
dictando, repetida, su sentencia
que algún día en silencio, impenetrable,
se hará silencio siempre y para siempre.
no sabe transcurrir sin el sonido
que hacen los relojes caminantes
marcando el devenir a cada hora.
Golpea el carillón indiferente
dictando, repetida, su sentencia
que escucha el reo en tanto que prosigue
su andadura nocturna de cansancios.
Entonces, con las nubes de recuerdos,
como sombras, se pueblan los rincones
que había aún vacíos e indolentes.
Así, con los instantes, se va haciendo
poco a poco, con gotas, el pasado
que no es ni más ni menos que la suma
de todas las figuras dibujadas
por esas manecillas codiciosas
de la vida,… urdiendo su finito.
Y nunca se sabrá, si se silencian,
el abrirse nocturno de las rosas,
ni las olas constantes y marchitas,
ni las voces que vienen de los sueños,
ni los besos cubiertos de penumbra,
ni tantas otras cosas que suceden
en los tibios momentos de vigilia,
qué tuvieron que ver cuando se forma,
-como un río se llena de aflüentes-,
el cúmulo febril de sentimientos.
Y así de lento, así, sin darse cuenta,
pausadamente, en calma, en el Oriente
aparecen las nubes en sanguinas.
Inverso es este ocaso de las noches.
Y al tiempo, duro, insomne y riguroso,
golpea el carillón indiferente
dictando, repetida, su sentencia
que algún día en silencio, impenetrable,
se hará silencio siempre y para siempre.
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