Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Abraza la niebla
el paisaje en la mañana
y viste los arbustos
con traje de escarcha.
La helada rompe la tierra
y en terrones la esparce;
yace silenciosa, aletargada,
acariciada por las espinas del zarce.
Un cuervo salta por el suelo
y grazna. Repite la niebla el eco:
misterio que al oído llega
y lo niega a la mirada.
Tiene dedos húmedos,
fríos, que atenazan el alma,
cobertor inaprehensible,
con sabor de muerte y calma.
Y en abrazo de agua,
en ceguera blanca,
sin horizontes, sin cielo,
la niebla mata la mañana.
el paisaje en la mañana
y viste los arbustos
con traje de escarcha.
La helada rompe la tierra
y en terrones la esparce;
yace silenciosa, aletargada,
acariciada por las espinas del zarce.
Un cuervo salta por el suelo
y grazna. Repite la niebla el eco:
misterio que al oído llega
y lo niega a la mirada.
Tiene dedos húmedos,
fríos, que atenazan el alma,
cobertor inaprehensible,
con sabor de muerte y calma.
Y en abrazo de agua,
en ceguera blanca,
sin horizontes, sin cielo,
la niebla mata la mañana.