Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
La luna. Detrás el almario.
Desde la luna me contemplo
convertido en un extraño:
en sus ojos como en los míos leo.
Una sombra de tiempo
que tal vez haya vivido, se desliza
entre mi yo y el yo del espejo,
espacio en que la memoria palpita.
Hay un niño
que quiere ser viento
y, en un patio cerrado,
poner alas al pensamiento.
Hay una cara, o un nombre,
quizás tan sólo un sentimiento,
mas…¡tan lejos!, que aparece
en bruma de olvido envuelto.
La luna. Detrás el almario.
De la luna, un anciano está mirando.
No me conozco en él,
aunque mi propio nombre esté gritando.
Desde la luna me contemplo
convertido en un extraño:
en sus ojos como en los míos leo.
Una sombra de tiempo
que tal vez haya vivido, se desliza
entre mi yo y el yo del espejo,
espacio en que la memoria palpita.
Hay un niño
que quiere ser viento
y, en un patio cerrado,
poner alas al pensamiento.
Hay una cara, o un nombre,
quizás tan sólo un sentimiento,
mas…¡tan lejos!, que aparece
en bruma de olvido envuelto.
La luna. Detrás el almario.
De la luna, un anciano está mirando.
No me conozco en él,
aunque mi propio nombre esté gritando.