Marah
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mujer, no abras más tu pecho para que vean
tu espinazo entre oscuras malezas;
ya empapa el manantial que sale de tu desnudo
y todos llevan en sus hombros un jarro de tu sangre.
¿Quién no lleva en sí un coágulo de tu sufrimiento?
Mujer, no grites, tus ayes de dolor son ondas hieráticas
que se meten en la herida del mundo. Tu grito sordo
es como el trueno sin luz que para la tempestad.
¡Oh, qué inefable tu oración de tribuna!
Mujer no muestres tus manos callosas llenas de abismos,
de balde que muestres tus rodilleras
si tus rodillas son mosaicos del hogar
estampas de la iglesia
piedras en la calle
camillas del hospital
rosetones en el portal de la escuela
cepas del huerto
ánima en las filas del ejército.
en los tribunales astros…
Mujer, no te quedes en los andenes cabizbaja
sin pan ni agua, sin trabajo, despreciada…
No hagas de tu gemido el cordón umbilical que se enrolla
en el cuello, aprieta y mata.
¡Qué hiriente el torno de tu imagen!
¡Levanta tu voz allí donde hay muchos senos: el Senado
y reclama tu puesto en la bolsa de valores, mujer…sin llanto!