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Canción desde el viejo claustro

Pessoa

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CANCIÓN DESDE EL VIEJO CLAUSTRO


Cuando el cero se desvela

con los cantos de poniente,

cuando la luna se hiela

con la mirada aterida

del amante sin consuelo

y se refugia entre las ortigas fósiles

de la sierra entumecida.


Cuando mi sangre renace

en la ventana sin vidrios de la aurora

y canta llamando al grillo

rotundo de la primavera

buscando -oh, sí- buscando

el perdido alfabeto de las flores.


Cómo, entonces, renace la luz

del rosetón inconcluso de la iglesia,

cómo se apagan las canciones

que resuenan en las bóvedas,

bóvedas transidas de mugidos

de los bóvidos desangrados.


Recorro incansable los transeptos

incólumes, flanqueados por las tumbas

de los peces dúplices y las rosas.

Me disuelvo feliz -oh, sí, feliz-

en la sombra que nace del capitel

donde duermen los andróginos orgullosos.


Claustro maternal donde las piedras

son abetos y los abetos arrullan

las negras aguas del pozo.

Viejo claustro, útero eterno

animado por caballos desbocados,

visitado por ángeles nocturnos

que dibujan los relentes y los musgos.


Hormigas en desbandada

roban los trigos profanos en su huída,

y los niños, de riguroso uniforme,

cantan las letanías militares

que ahuyentan a los vencejos en celo.

Viejo claustro adormecido

por las rutinas antiguas de los surcos.


Y, mientras, el cero se desvela

y la luna oculta su fracaso

-llora lágrimas de cuarzo y sangre-

en exaltar al amante rechazado

tras la sierra en la que habita

el viejo claustro.


AST%2BUn%2Bmundo.jpg



Ilust.: Ángeles Santos Torroella
 
Última edición:
CANCIÓN DESDE EL VIEJO CLAUSTRO


Cuando el cero se desvela

con los cantos de poniente,

cuando la luna se hiela

con la mirada aterida

del amante sin consuelo

y se refugia entre las ortigas fósiles

de la sierra entumecida.


Cuando mi sangre renace

en la ventana sin vidrios de la aurora

y canta llamando al grillo

rotundo de la primavera

buscando -oh, sí- buscando

el perdido alfabeto de las flores.


Cómo, entonces, renace la luz

del rosetón inconcluso de la iglesia,

cómo se apagan las canciones

que resuenan en las bóvedas,

bóvedas transidas de mugidos

de los bóvidos desangrados.


Recorro incansable los transeptos

incólumes, flanqueados por las tumbas

de los peces dúplices y las rosas.

Me disuelvo feliz -oh, sí, feliz-

en la sombra que nace del capitel

donde duermen los andróginos orgullosos.


Claustro maternal donde las piedras

son abetos y los abetos arrullan

las negras aguas del pozo.

Viejo claustro, útero eterno

animado por caballos desbocados,

visitado por ángeles nocturnos

que dibujan los relentes y los musgos.


Hormigas en desbandada

roban los trigos profanos en su huída,

y los niños, de riguroso uniforme,

cantan las letanías militares

que ahuyentan a los vencejos en celo.

Viejo claustro adormecido

por las rutinas antiguas de los surcos.


Y, mientras, el cero se desvela

y la luna oculta su fracaso

-llora lágrimas de cuarzo y sangre-

en exaltar al amante rechazado

tras la sierra en la que habita

el viejo claustro.


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Ilust.: Ángeles Santos Torroella

Paseo por ese "claustro" recorrido de un dialogo sagrado.
miradas de vida en la primera y ultima estrofa que son
corriente para ir coronando filtradas formas en un
desfiladero que se alza para desgajar el delirio intimo,
entre piedras, luces, travesuras fantasticas..., seria
como querer conjurar los troncos espesos de un
silencio apropiado. y mirar rodeando los vanos
de las uniformes columnas.
excelente. saludos de luzyabsenta
 
Ciertamente, Maramín, querido compañero. Pasear por esas sugerentes ruinas es un modo de renacer, de re-crearse en un tiempo sin dimensión. Desde sus rincones umbríos, desde la mirada intransigente del rostro de un capitel, los juegos de claroscuros transportan al paseante a una especie de sueño, en el que la imaginación se expande sin encontrar fronteras. Gracias, compañero, por tu visita y tu comentario.
miguel
 
Con tu precisión casi quirúrgica para encontrar los vocablos defines y condensas mi poema con dos palabras: "diálogo sagrado". Y es. efectivamente, un recorrido, un deambular por lo sagrado, por las cercanías de lo místico acercarse pausadamente al numen que yace entre las piedras y los ecos en los claustros del medievo. Como siempre, un acierto y un regalo tu feliz comentario. Un abrazo, Carlos, querido amigo.
miguel
 
CANCIÓN DESDE EL VIEJO CLAUSTRO


Cuando el cero se desvela

con los cantos de poniente,

cuando la luna se hiela

con la mirada aterida

del amante sin consuelo

y se refugia entre las ortigas fósiles

de la sierra entumecida.


Cuando mi sangre renace

en la ventana sin vidrios de la aurora

y canta llamando al grillo

rotundo de la primavera

buscando -oh, sí- buscando

el perdido alfabeto de las flores.


Cómo, entonces, renace la luz

del rosetón inconcluso de la iglesia,

cómo se apagan las canciones

que resuenan en las bóvedas,

bóvedas transidas de mugidos

de los bóvidos desangrados.


Recorro incansable los transeptos

incólumes, flanqueados por las tumbas

de los peces dúplices y las rosas.

Me disuelvo feliz -oh, sí, feliz-

en la sombra que nace del capitel

donde duermen los andróginos orgullosos.


Claustro maternal donde las piedras

son abetos y los abetos arrullan

las negras aguas del pozo.

Viejo claustro, útero eterno

animado por caballos desbocados,

visitado por ángeles nocturnos

que dibujan los relentes y los musgos.


Hormigas en desbandada

roban los trigos profanos en su huída,

y los niños, de riguroso uniforme,

cantan las letanías militares

que ahuyentan a los vencejos en celo.

Viejo claustro adormecido

por las rutinas antiguas de los surcos.


Y, mientras, el cero se desvela

y la luna oculta su fracaso

-llora lágrimas de cuarzo y sangre-

en exaltar al amante rechazado

tras la sierra en la que habita

el viejo claustro.


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Ilust.: Ángeles Santos Torroella

Un poema excelente, realmente magnifico, enhorabuena Pessoa, un placer leer. Saludos, que vaya todo muy bien.
 
Muy agradecido, Tribu, por tu elogioso comentario. Como siempre, es un acicate para seguir depurando mis versos y ofrecer a quienes tenéis la deferencia de leerme un mayor disfrute en la lectura. Cordialmente,
miguel
 
Con tu precisión casi quirúrgica para encontrar los vocablos defines y condensas mi poema con dos palabras: "diálogo sagrado". Y es. efectivamente, un recorrido, un deambular por lo sagrado, por las cercanías de lo místico acercarse pausadamente al numen que yace entre las piedras y los ecos en los claustros del medievo. Como siempre, un acierto y un regalo tu feliz comentario. Un abrazo, Carlos, querido amigo.
miguel
Agradezco la cordialidad de tu respuesta.
Hay poesias que se merecen atenta reflexion.
Leer otra vez esta bella obra sera recrear esos
sentimientos plenos que salen de tus lineas
sinceras e intensas.
saludos de luzyabsenta
 
CANCIÓN DESDE EL VIEJO CLAUSTRO


Cuando el cero se desvela

con los cantos de poniente,

cuando la luna se hiela

con la mirada aterida

del amante sin consuelo

y se refugia entre las ortigas fósiles

de la sierra entumecida.


Cuando mi sangre renace

en la ventana sin vidrios de la aurora

y canta llamando al grillo

rotundo de la primavera

buscando -oh, sí- buscando

el perdido alfabeto de las flores.


Cómo, entonces, renace la luz

del rosetón inconcluso de la iglesia,

cómo se apagan las canciones

que resuenan en las bóvedas,

bóvedas transidas de mugidos

de los bóvidos desangrados.


Recorro incansable los transeptos

incólumes, flanqueados por las tumbas

de los peces dúplices y las rosas.

Me disuelvo feliz -oh, sí, feliz-

en la sombra que nace del capitel

donde duermen los andróginos orgullosos.


Claustro maternal donde las piedras

son abetos y los abetos arrullan

las negras aguas del pozo.

Viejo claustro, útero eterno

animado por caballos desbocados,

visitado por ángeles nocturnos

que dibujan los relentes y los musgos.


Hormigas en desbandada

roban los trigos profanos en su huída,

y los niños, de riguroso uniforme,

cantan las letanías militares

que ahuyentan a los vencejos en celo.

Viejo claustro adormecido

por las rutinas antiguas de los surcos.


Y, mientras, el cero se desvela

y la luna oculta su fracaso

-llora lágrimas de cuarzo y sangre-

en exaltar al amante rechazado

tras la sierra en la que habita

el viejo claustro.


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Ilust.: Ángeles Santos Torroella
 
Bueno Miguel, imágenes poéticas muy bellas, versos bien logrados, es usted un gran letrado, jejeje, un placer deslizarme por sus poemas, un abrazo, Pilar.
 
Hola, Pilaresther. Muchas gracias por tu visita a mis versos y el delicado comentario que dejas. Es un placer recibir estos reconocimientos y, sobre todo, saber que nuestros versos son leídos con agrado por personas como tú. Para eso brotan de nuestro espíritu. Un cordial saludo,
miguel
 

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