charlie ía
tru váyolens
siguiendo la línea de la costa
desde esta altura de San Juan
puede observarse
como las playas se difuminan en
un horizonte que uno imagina desnudo al otro lado de la frontera.
rociado por un amanecer tras una lluvia mansa,
la tersura en la punta de mi lengua
siempre se ha permitido ser algo avezada
traspasándolas constantemente, e inconstante
entre países
entre el whisky y el ron
entre los lucky strikes y la desnudez.
transgresiones que han ido raspando la carne de mis huesos
sin necesidad de energía alguna. pero esta es una virtud que no he podido
contener:
el odio alberga la verdadera justicia.
un odio atroz e imparcial por encima de la vida misma
como un hombre que se planta ante su propio fracaso,
y se rebela:
arrasando la basura antropomorfa que nos desgarba la mirada.
aún algunas palabras resuenan como un soundtrack oscuro en mi cabeza
altura sendero transgresión y templo
la desnudez hacia la única línea litoral legítima
que da directamente hacia el otro lado de la frontera.