Osidiria
Poeta asiduo al portal
¡Éramos tan jóvenes, tan inocentes!
construíamos tronos de oro con nuestros sentimientos
entrelazando sus asientos con hilos de cobre
para que el tiempo se sintiera cómodo entre nosotros,
¡éramos tan valientes, tan arrogantes!
tatuándonos primaveras en los ojos
y beatificando flores
para tener de rehén sus colores en nuestros pechos,
pero nadie nos advirtió que la carne se derrite
cuando se mutilan las manos
y que el ardor de unos dedos empapados en sangre
no dura para siempre, llega un momento
en el que los árboles pierden sus hojas
y sus nidos quedan al descubierto
tomando conciencia del miedo a las alturas,
en ese punto nos encontramos,
sin saber si quitar la moqueta a los sueños
o seguir caminando descalzo con las alas rotas
sobre las cenizas que se quemaron
como los ecos del mar dentro de una caracola.
***
**
*
construíamos tronos de oro con nuestros sentimientos
entrelazando sus asientos con hilos de cobre
para que el tiempo se sintiera cómodo entre nosotros,
¡éramos tan valientes, tan arrogantes!
tatuándonos primaveras en los ojos
y beatificando flores
para tener de rehén sus colores en nuestros pechos,
pero nadie nos advirtió que la carne se derrite
cuando se mutilan las manos
y que el ardor de unos dedos empapados en sangre
no dura para siempre, llega un momento
en el que los árboles pierden sus hojas
y sus nidos quedan al descubierto
tomando conciencia del miedo a las alturas,
en ese punto nos encontramos,
sin saber si quitar la moqueta a los sueños
o seguir caminando descalzo con las alas rotas
sobre las cenizas que se quemaron
como los ecos del mar dentro de una caracola.
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