El fabuloso destino de Amélie Poulain.

InusitadaIrrealidad

Poeta recién llegado
El exceso de altísimas palabras verticales, espejo de temores, suceso místico de muecas que apuntan de forma enmarañada al umbral apuntalado en turbias y asoladas decadencias, invitan siempre a no entrar, a no estar. Todos los nenúfares que flotan en el estanque, participan de lo bello, en lo bello está también lo triste, escribir o no de lo que duele, de esa tristeza que es también belleza, de la existencia de lo bello en la propia belleza atemorizante, onírica y utópica.
A menudo pienso, en las verdes praderas de letras unidas por las conjunciones copulativas y el rastro de ciertas emociones que buscan personas concretas, individuales, singulares, únicas, en lo colectivo y abstracto, en lo plural.
Amélie Poulain, despierta. La fórmula onírica, sueño más despertar igual a olvido, diluida en el espacio y el tiempo como un gas noble que se evapora, ejerce sobre Amélie, un empuje en vertical y hacia arriba igual al peso desalojado. Por supuesto el peso desalojado son los cincuenta y dos kilos de Amélie Poulain, que por ciencia infusa y el principio de termodinámica se fueron, a otra parte, no se sabe donde. Después de esto, volvió un trece de Junio de dos mil doce, cuando el solsticio de verano estaba a punto de sucumbir al heliotropismo del sol, como los girasoles. Su sonrisa aleteaba mayúscula por los campos de Castilla, como una mariposa verde esperanza y al unísono, sonaban tambores que anunciaban el final de una lucha, la suya. Su sonrisa de como leer al mundo buscando el equilibrio infinito, apaciguaba a Amélie Poulain y al verano.
 
El exceso de altísimas palabras verticales, espejo de temores, suceso místico de muecas que apuntan de forma enmarañada al umbral apuntalado en turbias y asoladas decadencias, invitan siempre a no entrar, a no estar. Todos los nenúfares que flotan en el estanque, participan de lo bello, en lo bello está también lo triste, escribir o no de lo que duele, de esa tristeza que es también belleza, de la existencia de lo bello en la propia belleza atemorizante, onírica y utópica.
A menudo pienso, en las verdes praderas de letras unidas por las conjunciones copulativas y el rastro de ciertas emociones que buscan personas concretas, individuales, singulares, únicas, en lo colectivo y abstracto, en lo plural.

Siempre he creído que trascender la tristeza, el dolor..., en definitiva las emociones más intensas pueden provocar una explosión de creatividad que de otro modo no saldrían a flote. Es muy hermoso el modo en el que traduces esa poética.


Amélie Poulain, despierta. La fórmula onírica, sueño más despertar igual a olvido, diluida en el espacio y el tiempo como un gas noble que se evapora, ejerce sobre Amélie, un empuje en vertical y hacia arriba igual al peso desalojado. Por supuesto el peso desalojado son los cincuenta y dos kilos de Amélie Poulain, que por ciencia infusa y el principio de termodinámica se fueron, a otra parte, no se sabe donde. Después de esto, volvió un trece de Junio de dos mil doce, cuando el solsticio de verano estaba a punto de sucumbir al heliotropismo del sol, como los girasoles. Su sonrisa aleteaba mayúscula por los campos de Castilla, como una mariposa verde esperanza y al unísono, sonaban tambores que anunciaban el final de una lucha, la suya. Su sonrisa de como leer al mundo buscando el equilibrio infinito, apaciguaba a Amélie Poulain y al verano.

"Buscando el equilibrio infinito", empieza a causarme curiosidad esta relación que mantienes en tus escritos con Amèlie Poulain, aquí incluso la empujas a lo cercano a un roce de proximidad en tiempo y en espacio... y sí... curioso...
Sigo disfrutando de tus prosas y por cierto, ayer volví a ver la película y eso de que "ella va a cambiar tu vida" parece que puede quedar aquí bien plasmado.

Un abrazo!

Palmira
 

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