Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
Vuestro miedo tiene diez falanges rotas
y negros los ojos sin luna que alumbre,
en la noche oscura como de costumbre,
sigilosa sombra que truena las botas.
Sobre la hojarasca, que el viento en su aserio,
desnuda del brazo de frondosos leños
llegado el otoño resecando sueños,
sobre las paredes de aquel cementerio.
Un miedo de tierra lodosa y no santa,
que corre en la espalda de la madrugada,
cuando lastimoso lo que el búho canta,
en las soledades, suena a carcajada.
Miedo que confunde a los que ya están muertos,
manteniendo cerca de tu lindo cuello,
sus caricias frías, su aliento y desuello,
mientras que tu tengas los ojos abiertos.
Miedo a que aparezca de lo más adverso,
un demonio gris, de pútrida areola,
mientras que tu lees mis grandiosos versos,
mientras que te encuentres en el cuarto sola.
y negros los ojos sin luna que alumbre,
en la noche oscura como de costumbre,
sigilosa sombra que truena las botas.
Sobre la hojarasca, que el viento en su aserio,
desnuda del brazo de frondosos leños
llegado el otoño resecando sueños,
sobre las paredes de aquel cementerio.
Un miedo de tierra lodosa y no santa,
que corre en la espalda de la madrugada,
cuando lastimoso lo que el búho canta,
en las soledades, suena a carcajada.
Miedo que confunde a los que ya están muertos,
manteniendo cerca de tu lindo cuello,
sus caricias frías, su aliento y desuello,
mientras que tu tengas los ojos abiertos.
Miedo a que aparezca de lo más adverso,
un demonio gris, de pútrida areola,
mientras que tu lees mis grandiosos versos,
mientras que te encuentres en el cuarto sola.