La habitación de siempre.

Ad Libitum

Poeta recién llegado
CW: Depresión, sufrimiento psíquico.

Mi depresión no es un nido de ratas
con garras y sin piel
amamantando insomnios
tras la piel que me atrapa.

Aunque las sienta dentro roer cada costilla.

Mi depresión no es una galaxia ciega
apagando la luz de mis constelaciones
en el cielo sin sol que horizonta mi pecho.

Aunque sienta esa asfixia de luciérnagas
oleando sin costa en la sed de mis ventrículos.

No es la metralla abriendo mil caminos
de salida al oxígeno en la piel de mi garganta,
ni es la voz afilada llamando a las cuchillas,
ni la mano obediente,
ni la sangre que canta,
ni las sombras que nunca dejan de estar calientes
resbalando en mi cuerpo
disociado,
ni ese lugar del tiempo
en que soy una niña pero dejo de serlo,
en que mi cuerpo se hace de porcelana china
olvidada detrás
de un campo de jazmines,
en que muda la piel su armadura de esparto
y se cubre de un silencio de seda
hilado con el miedo de todos los lagartos.

No es nada de eso, aunque todo le suceda.

Mi depresión no es más
que un hombre
cis, heterosexual,
blanco y de clase media
parado así, en el marco de la puerta.

No dice nada,
no aparta la mirada,
no pide perdón
y no
desaparece.
 
CW: Depresión, sufrimiento psíquico.

Mi depresión no es un nido de ratas
con garras y sin piel
amamantando insomnios
tras la piel que me atrapa.

Aunque las sienta dentro roer cada costilla.

Mi depresión no es una galaxia ciega
apagando la luz de mis constelaciones
en el cielo sin sol que horizonta mi pecho.

Aunque sienta esa asfixia de luciérnagas
oleando sin costa en la sed de mis ventrículos.

No es la metralla abriendo mil caminos
de salida al oxígeno en la piel de mi garganta,
ni es la voz afilada llamando a las cuchillas,
ni la mano obediente,
ni la sangre que canta,
ni las sombras que nunca dejan de estar calientes
resbalando en mi cuerpo
disociado,
ni ese lugar del tiempo
en que soy una niña pero dejo de serlo,
en que mi cuerpo se hace de porcelana china
olvidada detrás
de un campo de jazmines,
en que muda la piel su armadura de esparto
y se cubre de un silencio de seda
hilado con el miedo de todos los lagartos.

No es nada de eso, aunque todo le suceda.

Mi depresión no es más
que un hombre
cis, heterosexual,
blanco y de clase media
parado así, en el marco de la puerta.

No dice nada,
no aparta la mirada,
no pide perdón
y no
desaparece.


La palabra es lo único que queda para amainar el dolor,
te invito a una copa de aplausos,
bellísimo, saludos cordiales, Ad Libitum.
 
CW: Depresión, sufrimiento psíquico.

Mi depresión no es un nido de ratas
con garras y sin piel
amamantando insomnios
tras la piel que me atrapa.

Aunque las sienta dentro roer cada costilla.

Mi depresión no es una galaxia ciega
apagando la luz de mis constelaciones
en el cielo sin sol que horizonta mi pecho.

Aunque sienta esa asfixia de luciérnagas
oleando sin costa en la sed de mis ventrículos.

No es la metralla abriendo mil caminos
de salida al oxígeno en la piel de mi garganta,
ni es la voz afilada llamando a las cuchillas,
ni la mano obediente,
ni la sangre que canta,
ni las sombras que nunca dejan de estar calientes
resbalando en mi cuerpo
disociado,
ni ese lugar del tiempo
en que soy una niña pero dejo de serlo,
en que mi cuerpo se hace de porcelana china
olvidada detrás
de un campo de jazmines,
en que muda la piel su armadura de esparto
y se cubre de un silencio de seda
hilado con el miedo de todos los lagartos.

No es nada de eso, aunque todo le suceda.

Mi depresión no es más
que un hombre
cis, heterosexual,
blanco y de clase media
parado así, en el marco de la puerta.

No dice nada,
no aparta la mirada,
no pide perdón
y no
desaparece.


Muy bueno.

Nunca piden perdón.
Pero acaban desapareciendo, esfumándose.

Solo hay que echarles.

Vaya cierre, impresiona.

Saludos.
 
Bello tu poema, la depresión saluda y disimula para no quererse ir, pero ahí estamos nosotros para decidir el límite que le ponemos, puede venir y con la misma irse, sólo hace falta motivar nuestros sentidos, aliviar nuestras cargas y buscar nuevos alicientes para despegar y evitar que se quede, es prestar atención y caminar con pasión hacia un nuevo horizonte que poquito a poco va llenándonos de aire fresco y renovado, un saludo Ad Libitum
 
Bello tu poema, la depresión saluda y disimula para no quererse ir, pero ahí estamos nosotros para decidir el límite que le ponemos, puede venir y con la misma irse, sólo hace falta motivar nuestros sentidos, aliviar nuestras cargas y buscar nuevos alicientes para despegar y evitar que se quede, es prestar atención y caminar con pasión hacia un nuevo horizonte que poquito a poco va llenándonos de aire fresco y renovado, un saludo Ad Libitum


:) Hermosísima reflexión, sigamos caminando! Un abrazo y gracias.
 

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