Hay un tiempo
en el que las caracolas marcan sus gestos,
raptando el quejar de las olas,
cuando transportan sus pesares.
Hay espacios
en los que las noches no tienen sus días,
no releva el Sol a la Luna,
luciendo perentorias las estrellas.
Hay un tiempo
en el que los silencios marcan sus pautas,
cuando asoma su rostro la aurora,
sustituyendo las miradas a las palabras.
Hay espacios
en los que el tiempo se detiene,
mirando el horizonte de los recuerdos,
impregnados de soledad y silencios.
Hay un tiempo
en el que la luz del faro marca la ruta.