Despedida.

ejpb84

Poeta recién llegado
Murió en silencio y no sintió dolor físico alguno.
Murió sin saber la pena que su pecho carcomía.
Poco a poco la envolvió un manto de recuerdos
que la debilitaron hasta morir.

Antes de partir a su lecho fúnebre,
reveló todo lo que en su interior había guardado con recelo:
su amor hacia la pasión más grande que había sentido.
El silencio que por mucho tiempo guardó y que hoy por fin vería la luz.

Dijo: Te amo desde hace tiempo;
así como las cosechas aman la lluvia,
como las gallinas a sus polluelos,
así como Romeo amó a Julieta,
así te he amado yo.

Desde esa tarde de invierno en que te conocí,
mi corazón te perteneció.
Lograste de mí sacar lo mejor;
encontré en ti el orifrés que tanto busqué.
Te quise, te quiero.
Te amé y, aún en mi agonía, te amo.

Morí al saber que te marchaste.
Mi alma se quebró
mis ilusiones se fueron en el mismo tren contigo ese invierno.
Te llevaste mi alegría y mi vivir;
tanta mella hizo en mí tu partida,
que todo mi ser se volvió ignoto y lóbrego.

Y ahora que estoy ya por irme
solo quiero desearte felicidad eterna
y pedirte que no me olvides;
pues yo de ti estaré cuidando siempre
y aún después de mi muerte: te amaré.
 
Murió en silencio y no sintió dolor físico alguno.
Murió sin saber la pena que su pecho carcomía.
Poco a poco la envolvió un manto de recuerdos
que la debilitaron hasta morir.

Antes de partir a su lecho fúnebre,
reveló todo lo que en su interior había guardado con recelo:
su amor hacia la pasión más grande que había sentido.
El silencio que por mucho tiempo guardó y que hoy por fin vería la luz.

Dijo: Te amo desde hace tiempo;
así como las cosechas aman la lluvia,
como las gallinas a sus polluelos,
así como Romeo amó a Julieta,
así te he amado yo.

Desde esa tarde de invierno en que te conocí,
mi corazón te perteneció.
Lograste de mí sacar lo mejor;
encontré en ti el orifrés que tanto busqué.
Te quise, te quiero.
Te amé y, aún en mi agonía, te amo.

Morí al saber que te marchaste.
Mi alma se quebró
mis ilusiones se fueron en el mismo tren contigo ese invierno.
Te llevaste mi alegría y mi vivir;
tanta mella hizo en mí tu partida,
que todo mi ser se volvió ignoto y lóbrego.

Y ahora que estoy ya por irme
solo quiero desearte felicidad eterna
y pedirte que no me olvides;
pues yo de ti estaré cuidando siempre
y aún después de mi muerte: te amaré.
Una entrega para ese amor perdido, las ilusiones rotas
y esos recuerdos que aun dejan un drenaje para que
el amor no quede en olvido. obsesionante idea
llena de serenidad melancolica.
excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
Tu sinceridad me ha conmovido. Hay en tu poema la simple y poderosa expresión de nuestra condición humana. El hombre necesita al hombre, hasta para ser un lobo.

Saludos, poetisa.
 

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