ricardinalgra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Extinción de las aves
Desde lo alto del sol se desplomaba un halcón,
al muro duro y quieto la paloma estrellaba
e ingiriendo piedras un mirlo se asfixiaba…
Frente al felino hambriento osó plantarse el gorrión
y la noche vio caída a la lechuza de la luna.
Los pájaros olvidaron alegrías de haber sido,
pichones sin plumas arrojados desde el nido,
de las aves conocidas ya no quedaba ni una.
Con cabeza bajo el agua los ánades se ahogaban,
las cigüeñas también iban en ese mismo camino.
El silencio se abrió paso ante la falta de trino,
ni un solo silbido se oye de los que antes abundaban.
Hacia la orca directo se vio nadar al pingüino
en una marina rara porque no había gaviotas
que han migrado tal vez a las playas más remotas
o se hundieron en azul profundo y submarino…
Carecía ahora el prado de sus aves más devotas :
tordos no se veían posarse en los equinos
ni se dejaban oír esos cantos matutinos
del zorzal, la calandria, o aquellas aves ignotas.
Las noticias te mostraban las aves en extinción
en sorpresa compartida por bomba en la catedral,
interrupción de tránsito en la vía principal
y esas publicidades que viven en televisión .
No se percibe vestigio de todo lo que hubo alado
y en los paisajes no hay nada con pico, alas y pluma.
Que cada quien el suceso como pueda lo asuma,
lo cierto, lo inesperado, es que el ave se ha marchado…
Todo lo demás ahora, más o menos sigue igual:
el mismo sol, las esperas, la ansiedad, los apuros
las ventanas entreabiertas, escrituras en los muros
de esperanza, los deseos, las causas y lo casual…
Hay algo que ha originado este suceso inusual,
nadie me da y no encuentro, una clara explicación
pues varias ocupaciones reclaman hoy mi atención
aunque zumba una ausencia irrevocable y fatal…
Desde lo alto del sol se desplomaba un halcón,
al muro duro y quieto la paloma estrellaba
e ingiriendo piedras un mirlo se asfixiaba…
Frente al felino hambriento osó plantarse el gorrión
y la noche vio caída a la lechuza de la luna.
Los pájaros olvidaron alegrías de haber sido,
pichones sin plumas arrojados desde el nido,
de las aves conocidas ya no quedaba ni una.
Con cabeza bajo el agua los ánades se ahogaban,
las cigüeñas también iban en ese mismo camino.
El silencio se abrió paso ante la falta de trino,
ni un solo silbido se oye de los que antes abundaban.
Hacia la orca directo se vio nadar al pingüino
en una marina rara porque no había gaviotas
que han migrado tal vez a las playas más remotas
o se hundieron en azul profundo y submarino…
Carecía ahora el prado de sus aves más devotas :
tordos no se veían posarse en los equinos
ni se dejaban oír esos cantos matutinos
del zorzal, la calandria, o aquellas aves ignotas.
Las noticias te mostraban las aves en extinción
en sorpresa compartida por bomba en la catedral,
interrupción de tránsito en la vía principal
y esas publicidades que viven en televisión .
No se percibe vestigio de todo lo que hubo alado
y en los paisajes no hay nada con pico, alas y pluma.
Que cada quien el suceso como pueda lo asuma,
lo cierto, lo inesperado, es que el ave se ha marchado…
Todo lo demás ahora, más o menos sigue igual:
el mismo sol, las esperas, la ansiedad, los apuros
las ventanas entreabiertas, escrituras en los muros
de esperanza, los deseos, las causas y lo casual…
Hay algo que ha originado este suceso inusual,
nadie me da y no encuentro, una clara explicación
pues varias ocupaciones reclaman hoy mi atención
aunque zumba una ausencia irrevocable y fatal…
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