Elisalle
Poetisa
Tus dedos tienen engarce de azures y fondo maleza
que enreda los obstáculos mortales de un grillo cantor.
No sé qué pienso...
Pero esa mano tuya que lleva las flores como si no las tocara
ha encendido en mi alma la luz de apoyo y el convencimiento
que nunca exististe que fuiste un momento en que no te vi
y sólo un roce de brisa auscultó la tarde en que tampoco fuiste.
Creo que no estabas o que no viniste qué se yo.
Tal vez fue sólo el viento que aventó mi pelo en un desliz
y salí despedida por la ventana a soñar con los azules
jazmines y mariposas del vestido bordado en la infancia.
Hay en tus dedos floreados de azules un recuerdo muerto
o que nunca nació.
Oda a las flores azules que sostienes en tus dedos.
Tres dedos tres flores tres olvidos a la hora en que regresan
pastores con rebaños desde el cerro,
mientras las horas sombrean los nichos y acalla los cencerros.
Tu mano está quieta seguirá quieta mientras yo la mantenga.
Mientras la luz del alba no me derive a los campos azules
será tu mano engarzada de azures,
el busto de mi Palas sobre el escritorio,
donde plácidamente se instala el cuervo con arrogancia de cuervo
y una puerta desnuda permita al viento pasar y con furia de viento
yo lo escuche en psicofonía murmurar:
¡Nunca más!
***
María Margarita
30/04/2017
D.A.

que enreda los obstáculos mortales de un grillo cantor.
No sé qué pienso...
Pero esa mano tuya que lleva las flores como si no las tocara
ha encendido en mi alma la luz de apoyo y el convencimiento
que nunca exististe que fuiste un momento en que no te vi
y sólo un roce de brisa auscultó la tarde en que tampoco fuiste.
Creo que no estabas o que no viniste qué se yo.
Tal vez fue sólo el viento que aventó mi pelo en un desliz
y salí despedida por la ventana a soñar con los azules
jazmines y mariposas del vestido bordado en la infancia.
Hay en tus dedos floreados de azules un recuerdo muerto
o que nunca nació.
Oda a las flores azules que sostienes en tus dedos.
Tres dedos tres flores tres olvidos a la hora en que regresan
pastores con rebaños desde el cerro,
mientras las horas sombrean los nichos y acalla los cencerros.
Tu mano está quieta seguirá quieta mientras yo la mantenga.
Mientras la luz del alba no me derive a los campos azules
será tu mano engarzada de azures,
el busto de mi Palas sobre el escritorio,
donde plácidamente se instala el cuervo con arrogancia de cuervo
y una puerta desnuda permita al viento pasar y con furia de viento
yo lo escuche en psicofonía murmurar:
¡Nunca más!
***
María Margarita
30/04/2017
D.A.

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