Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El hombre es un laberinto.
La espera, fuera del tiempo, es tiempo invisible.
La vista escapa a los sentidos.
El hombre ama ciegamente.
Como un poeta escribe.
Sus luces son como un firmamento en una servilleta.
El hombre espeja.
El espejo es la fuente en la que la que la unicidad permanece.
Y es que el hombre es hombre en cualquier dirección y sentido.
El hombre es un laberinto.
Pero nunca se pierde por nadie.
Es un laberinto sin culpa.
Sin premio ni castigo.
Y cuando el hombre encuentre la salida, entrará en un bucle.
La costumbre hizo al hombre.
El hombre a veces prefiere el beneficio de la duda.
Otras veces, prefiere subir a la cima, como un río que nace al revés.
La montaña no la mueve la fe.
La montaña es la imagen a la que se llega en la distancia.
Como Dios es cercano en la desgracia.
Allá cuando el hombre alcanza su propia naturaleza, los ídolos se caen.
Cuando vende sus lágrimas a algo que no existe.
Como un águila, el hombre vuela solo a través de sus necesidades.
¿Qué pensará un águila, tan arriba?
Quizá sea la esencia del punto álgido.
La gravedad de los sentidos.
El hombre es un laberinto entre sus semejantes.
Si el hombre busca la salida, es porque busca la paz.
Como un mar, desemboca y ondea.
Oscila entre el sentido y la ignorancia.
Ello es lo que le hace tan necesario para sí mismo.
El hombre es un laberinto sin color, calor, olor, tacto, gusto.
No quiere salir de su laberinto.
Prefiere amar sin sentido.
...Aves en muchedumbre.
La sed baña.
El hombre es una montaña...
La luz piensa al revés del hombre.
Una nueva promesa al olvido, como una fuente clausurada.
La moneda que más bolsillos ha recorrido es la que menos brilla.
La espera, fuera del tiempo, es tiempo invisible.
La vista escapa a los sentidos.
El hombre ama ciegamente.
Como un poeta escribe.
Sus luces son como un firmamento en una servilleta.
El hombre espeja.
El espejo es la fuente en la que la que la unicidad permanece.
Y es que el hombre es hombre en cualquier dirección y sentido.
El hombre es un laberinto.
Pero nunca se pierde por nadie.
Es un laberinto sin culpa.
Sin premio ni castigo.
Y cuando el hombre encuentre la salida, entrará en un bucle.
La costumbre hizo al hombre.
El hombre a veces prefiere el beneficio de la duda.
Otras veces, prefiere subir a la cima, como un río que nace al revés.
La montaña no la mueve la fe.
La montaña es la imagen a la que se llega en la distancia.
Como Dios es cercano en la desgracia.
Allá cuando el hombre alcanza su propia naturaleza, los ídolos se caen.
Cuando vende sus lágrimas a algo que no existe.
Como un águila, el hombre vuela solo a través de sus necesidades.
¿Qué pensará un águila, tan arriba?
Quizá sea la esencia del punto álgido.
La gravedad de los sentidos.
El hombre es un laberinto entre sus semejantes.
Si el hombre busca la salida, es porque busca la paz.
Como un mar, desemboca y ondea.
Oscila entre el sentido y la ignorancia.
Ello es lo que le hace tan necesario para sí mismo.
El hombre es un laberinto sin color, calor, olor, tacto, gusto.
No quiere salir de su laberinto.
Prefiere amar sin sentido.
...Aves en muchedumbre.
La sed baña.
El hombre es una montaña...
La luz piensa al revés del hombre.
Una nueva promesa al olvido, como una fuente clausurada.
La moneda que más bolsillos ha recorrido es la que menos brilla.