Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Híbridos o simientes,
no somos lo que dios espera de nosotros.
Dios o lo que las mentes huyen del alboroto.
Si la atmósfera críptica de la que alardeamos
se rompiese en tiritas, el oxígeno humano
que nos mantiene en vilo, seguiría su curso,
como nacen los ríos o mueren los intrusos.
Y es que nos impedimos torpemente,
sin ayuda de nadie, con las sangres calientes.
Escribir un poema, o sacarse las tripas,
siempre con buenas formas, nos mantiene en las vísperas
del día del suplicio, cuando acaben las rimas.
Si el hombre no pensase en describir su ilícita
naturaleza, dios, o lo que hay más arriba
de dios, quizá, quizá, moriría sin miedo.
Y es que lo último siempre parece lo primero.
Con respecto a ese dios, nadie hizo los deberes.
¿Qué cojones esperan para la gran orgía,
o a meterse de culo en su burbuja?
La inquietud, in crescendo; hay ateos y herejes,
religiones, creyentes, iglesias, y hasta viejos de rodillas.
¿De qué coño nos sirve la cultura?
no somos lo que dios espera de nosotros.
Dios o lo que las mentes huyen del alboroto.
Si la atmósfera críptica de la que alardeamos
se rompiese en tiritas, el oxígeno humano
que nos mantiene en vilo, seguiría su curso,
como nacen los ríos o mueren los intrusos.
Y es que nos impedimos torpemente,
sin ayuda de nadie, con las sangres calientes.
Escribir un poema, o sacarse las tripas,
siempre con buenas formas, nos mantiene en las vísperas
del día del suplicio, cuando acaben las rimas.
Si el hombre no pensase en describir su ilícita
naturaleza, dios, o lo que hay más arriba
de dios, quizá, quizá, moriría sin miedo.
Y es que lo último siempre parece lo primero.
Con respecto a ese dios, nadie hizo los deberes.
¿Qué cojones esperan para la gran orgía,
o a meterse de culo en su burbuja?
La inquietud, in crescendo; hay ateos y herejes,
religiones, creyentes, iglesias, y hasta viejos de rodillas.
¿De qué coño nos sirve la cultura?