murdock
Poeta adicto al portal
Una olvidada calle de adoquines viejos en uno de los barrios más austeros
la rendija de la coladera muestra dos pequeños luceros
entre las cinco y las seis la tarde amaina, se perfila una luna acholada
bajo la ciudad solo hay pestilencia y oscuridad no importan los neones de la calzada
aquí tras las rejillas de la coladera estoy cómodo
descansando mi regazo sobre la pared llena de metralla
esta catacumba húmeda y maloliente será mi panteón rapsodo
la humedad en mis pisadas será mi huella de batalla
los coches apresuran la marcha, pasaran ya las seis.
Bajo los bloques de piedra la vibración de los motores es mil veces peor
apuñalan mi cabeza y no son los golpes que me dio ella
Hay humedad en mi bolsillo, la sangre de socorrer una querella
el ruido de la alcantarilla hace eco en mi pecho como un tambor
-si no tomas cordura es seguro que perderéis-
Una calle olvidada en una ciudad fuera del mapa
quién sabe dónde corrieron mis piernas para encontrar pelea
las causas perdidas le pesan demasiado a mi capa
este viejo corazón ya no palpita lo suficiente para dar pelea...
Caer abolido en esta cloaca pútrida es mi destino
sin canciones ni poemas sobre mis odiseas conquistadas
sin epitafio ni gaitas así es mejor para un justiciero clandestino.
Quizás, después de un tiempo alguien tome la capa
quizás, después de un tiempo despierte en casa
quizás, aquella misteriosa dama erro la bala…
la rendija de la coladera muestra dos pequeños luceros
entre las cinco y las seis la tarde amaina, se perfila una luna acholada
bajo la ciudad solo hay pestilencia y oscuridad no importan los neones de la calzada
aquí tras las rejillas de la coladera estoy cómodo
descansando mi regazo sobre la pared llena de metralla
esta catacumba húmeda y maloliente será mi panteón rapsodo
la humedad en mis pisadas será mi huella de batalla
los coches apresuran la marcha, pasaran ya las seis.
Bajo los bloques de piedra la vibración de los motores es mil veces peor
apuñalan mi cabeza y no son los golpes que me dio ella
Hay humedad en mi bolsillo, la sangre de socorrer una querella
el ruido de la alcantarilla hace eco en mi pecho como un tambor
-si no tomas cordura es seguro que perderéis-
Una calle olvidada en una ciudad fuera del mapa
quién sabe dónde corrieron mis piernas para encontrar pelea
las causas perdidas le pesan demasiado a mi capa
este viejo corazón ya no palpita lo suficiente para dar pelea...
Caer abolido en esta cloaca pútrida es mi destino
sin canciones ni poemas sobre mis odiseas conquistadas
sin epitafio ni gaitas así es mejor para un justiciero clandestino.
Quizás, después de un tiempo alguien tome la capa
quizás, después de un tiempo despierte en casa
quizás, aquella misteriosa dama erro la bala…
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