La verdad de los derrotados

danie

solo un pensamiento...
Perdimos…
y por eso nos creemos tener el derecho
de andar soporíferos, sangrando,
humedecidos, quejumbrosos…
solitarios.


Compartimos la tristeza de forma egoísta
y no nos damos cuenta que el Bermejo perdió
más que nosotros,
quedó muerto,
flotando boca arriba,
rumbo al poniente.


Pareciera que la derrota,
está particular derrota,
tiene el sabor
de las oxidadas hojitas de afeitar
raspando la próstata.
Así de duro perdió el Bermejo,
y nosotros
nos derrochamos en un dolor solitario, unicelular.


Danzamos junto al río
nuestra condena de desierto escéptico.
La verdad es que tenemos la mala costumbre
de decir que el monte jamás pierde,
de no pluralizar la derrota;
mientras el Bermejo sigue muerto,
flotando boca arriba
sobre un lecho de peces.


Y así, gesticulando estados de ánimos nublados
no por el Bermejo, sino por nosotros
revelamos la cara de poca humanidad
que se esconde bajo la máscara.
 
¡ Ánimo, hombre !
El hombre es inherentemente bueno.
Puede ser bello, bueno y sano, digno y noble, tolerante, fiero y raudo, elegante, lindo y tierno, y sobre todo...


HUMILDE.
 
¡ Ánimo, hombre !
El hombre es inherentemente bueno.
Puede ser bello, bueno y sano, digno y noble, tolerante, fiero y raudo, elegante, lindo y tierno, y sobre todo...


HUMILDE.
me encanta saber que amas al hombre... pero hay que reconocer que también puedes ser feo, malo, insano, indigno, desleal, intolerante, áspero y sobre todo arrogante.

no hay una cara sin la otra.

un abrazo.
 

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