GEORTRIZIA
♥Niña de los besos rosas♥
Nunca vi unos ojos más bellos y una piel tan clara como la suya.
Con su mirada, invadía mi intimidad y me desnudaba en su frenesí.
Su diadema estaba conformada
por un brillo de miles de esperanzas robadas
que habían sido incrustadas por su propio ego.
Perdía la esperanza al verla por primera vez.
Su piel era pálida y atrayente, como un baño de agua fría en un día ardiente.
Me dejaba boquiabierto.
Su mascota, o quizás su guardián, una vestía infame de plumas negras,
bebía de las esperanzas de todos aquellos hombres caídos ante sus mil facetas;
de bellísima y extravagante belleza.
Yo, ya viejo, bajo el estrés y el cansancio de la vejez,
no podía ni siquiera darme el lujo de un pequeño pensamiento
pecaminoso y carnal sobre aquella dama...
Mas sin embargo, su mirada atrayente, su cabello negro alusivo
a la noche espesa me embriagaba...
La vi varias veces.
Y un día, decidí seguirla...
Iba tras de ella sin decir palabras
sus pasos nos dirigían a un bosque quizás un poco
Acuoso...
Se abrió en la tierra un mar de oscuridad pero no era
intimidante, tenía destellos platas que parecían hacer el espacio,
un mar de platas y perlas madre.
Cuando menos pensé, sigilosamente
y sin poder evitarlo ella me sostenía.
Me abrazo, me acaricio la mejilla, que pronta volvía a rejuvenecer
gracias a la magia de sus manos, lo sentía en mi piel.
Y poco a poco recuperaba aquella piel tersa, fresca, con aquella cabellera negra que alguna vez
Tuve en mi mocedad...
Me beso tiernamente...
Entonces, vi mi vida pasar frente a mis ojos...
Y al final, me vi en cama, durmiendo,
para luego sumergirme en este mar de plata que quizás estaba
soñando mientras hacía el amor con la señorita Muerte.
La misma que me llevaría a un descanso eterno esa noche.
Con su mirada, invadía mi intimidad y me desnudaba en su frenesí.
Su diadema estaba conformada
por un brillo de miles de esperanzas robadas
que habían sido incrustadas por su propio ego.
Perdía la esperanza al verla por primera vez.
Su piel era pálida y atrayente, como un baño de agua fría en un día ardiente.
Me dejaba boquiabierto.
Su mascota, o quizás su guardián, una vestía infame de plumas negras,
bebía de las esperanzas de todos aquellos hombres caídos ante sus mil facetas;
de bellísima y extravagante belleza.
Yo, ya viejo, bajo el estrés y el cansancio de la vejez,
no podía ni siquiera darme el lujo de un pequeño pensamiento
pecaminoso y carnal sobre aquella dama...
Mas sin embargo, su mirada atrayente, su cabello negro alusivo
a la noche espesa me embriagaba...
La vi varias veces.
Y un día, decidí seguirla...
Iba tras de ella sin decir palabras
sus pasos nos dirigían a un bosque quizás un poco
Acuoso...
Se abrió en la tierra un mar de oscuridad pero no era
intimidante, tenía destellos platas que parecían hacer el espacio,
un mar de platas y perlas madre.
Cuando menos pensé, sigilosamente
y sin poder evitarlo ella me sostenía.
Me abrazo, me acaricio la mejilla, que pronta volvía a rejuvenecer
gracias a la magia de sus manos, lo sentía en mi piel.
Y poco a poco recuperaba aquella piel tersa, fresca, con aquella cabellera negra que alguna vez
Tuve en mi mocedad...
Me beso tiernamente...
Entonces, vi mi vida pasar frente a mis ojos...
Y al final, me vi en cama, durmiendo,
para luego sumergirme en este mar de plata que quizás estaba
soñando mientras hacía el amor con la señorita Muerte.
La misma que me llevaría a un descanso eterno esa noche.