José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
IMAGEN Nº 7
Dama alegre de sonrisa forzada
Bella dama,
acicalada con tules de ensueño
y de negra coleta larga.
Muestras tu cuello vistoso,
limpio, terso y generoso,
adornado de exquisita finura
con gargantilla que realza
tu esbelta figura.
Bella dama,
que la tristeza te embarga
y la alegría te abruma.
Todas las tardes de verano
al balcón te asomas y
tú mirada se pierde en la lejanía
y te dejas llevar por las olas
y el vaivén de la melancolía.
Creías estar libre
para el resto de esa tarde,
... pero no lo estabas.
Creías estar libre
para llorar tu desdicha,
… pero no lo estabas.
Creías estar libre
para soñar despierta,
y soñabas con el velero, de viaje,
en brazos de un amor verdadero
que pudo ser y no fue,
seguía siendo un sueño.
Pero al final,
como todas las tardes,
tu sueño naufragaba,
y con él tu amor se hundía
ahogándose en tus brazos
tornándose en agonía.
El palo mayor y el velamen
de ese añorado velero,
se rompía a cada intento
en que huías buscando
el timón y la brújula de ...
… tu vida, quizás?
Despertabas,
notando las cadenas
y el látigo feroz
que te aterraba.
Perdiste la noción del tiempo,
mientras veías hundirse
al velero de tus sueños.
Notaste una mano ...
sobre tu hombro izquierdo,
sentiste asco… nauseas,
al notar el sudor
de unos dedos obscenos.
Era otro cliente que
la Madame te enviaba.
Ya se te acabó el descanso,
y volvías a retomar tus cadenas
de muy mala gana.
Dama alegre de sonrisa forzada,
triste ...
humillada y vejada.
Dama alegre de sonrisa forzada
Bella dama,
acicalada con tules de ensueño
y de negra coleta larga.
Muestras tu cuello vistoso,
limpio, terso y generoso,
adornado de exquisita finura
con gargantilla que realza
tu esbelta figura.
Bella dama,
que la tristeza te embarga
y la alegría te abruma.
Todas las tardes de verano
al balcón te asomas y
tú mirada se pierde en la lejanía
y te dejas llevar por las olas
y el vaivén de la melancolía.
Creías estar libre
para el resto de esa tarde,
... pero no lo estabas.
Creías estar libre
para llorar tu desdicha,
… pero no lo estabas.
Creías estar libre
para soñar despierta,
y soñabas con el velero, de viaje,
en brazos de un amor verdadero
que pudo ser y no fue,
seguía siendo un sueño.
Pero al final,
como todas las tardes,
tu sueño naufragaba,
y con él tu amor se hundía
ahogándose en tus brazos
tornándose en agonía.
El palo mayor y el velamen
de ese añorado velero,
se rompía a cada intento
en que huías buscando
el timón y la brújula de ...
… tu vida, quizás?
Despertabas,
notando las cadenas
y el látigo feroz
que te aterraba.
Perdiste la noción del tiempo,
mientras veías hundirse
al velero de tus sueños.
Notaste una mano ...
sobre tu hombro izquierdo,
sentiste asco… nauseas,
al notar el sudor
de unos dedos obscenos.
Era otro cliente que
la Madame te enviaba.
Ya se te acabó el descanso,
y volvías a retomar tus cadenas
de muy mala gana.
Dama alegre de sonrisa forzada,
triste ...
humillada y vejada.
28 de septiembre de 2017
José Ignacio Ayuso Diez.
José Ignacio Ayuso Diez.