José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
IMAGEN N.º 04
Romina no tiene alas.
-¡Hola! Soy Romina
¿Habéis visto a mi perrita?
- Se llama Luna y es muy bonita.
- La he buscado por todas partes,
y he recorrido ya dos veces el parque,
nada ni nadie me ha podido ayudar.
- ¿Podéis ayudarme a encontrarla?
El Sol se está escondiendo,
y la oscuridad de la noche avanza,
empieza a hacer frío
y ella es tan pequeñita
que se puede asustar.
Necesita de mis brazos
y de mi colo
para poderla arrullar.
- ¡Hola! Mi querida niña,
yo soy Margarita
y me gustaría ayudarte,
pero estoy anclada en la tierra
y solo puedo contestarte
con mis pétalos blancos
que de uno en uno
tendrás que arrancar.
Y solo Sí o No
te podré contestar,
y además, a una sola pregunta,
nada más.
- Así que piensa muy bien mi niña,
la pregunta que me vas a hacer.
Romina, la niña vestida de rosa,
se fija en la mariposa azul turquesa,
que no para de libar
de la tubular amarilla inflorescencia
de esa margarita cautelosa,
y le pregunta directamente,
si ha visto a Luna,
su perrita blanca
con lazo rosa.
Ella le contesta que: - sí,
que de hecho la iba a llamar,
que sabe donde está su perrita
y si la quiere encontrar,
con ella tendrá que volar.
Romina mira a Margarita
con cara de sorpresa,
también se mira sus hombros
y le asoma la tristeza.
No tiene alas con qué volar,
y le cae una lágrima
sobre el vuelo del vestido
y se pone a llorar.
Margarita se enfada con
la mariposa azul turquesa,
y le recrimina su inoportuna frivolidad.
No ha tenido en cuenta
la sensibilidad de la hermosa niña
apenada por la pérdida de su
perrita Luna, lo que es ahora para ella,
su verdadera y única necesidad.
¡Guau, guau!
Los ojos de Romina se iluminan,
y deja de llorar,
ya no necesita las alas
ni a Margarita preguntar.
Romina no tiene alas.
-¡Hola! Soy Romina
¿Habéis visto a mi perrita?
- Se llama Luna y es muy bonita.
- La he buscado por todas partes,
y he recorrido ya dos veces el parque,
nada ni nadie me ha podido ayudar.
- ¿Podéis ayudarme a encontrarla?
El Sol se está escondiendo,
y la oscuridad de la noche avanza,
empieza a hacer frío
y ella es tan pequeñita
que se puede asustar.
Necesita de mis brazos
y de mi colo
para poderla arrullar.
- ¡Hola! Mi querida niña,
yo soy Margarita
y me gustaría ayudarte,
pero estoy anclada en la tierra
y solo puedo contestarte
con mis pétalos blancos
que de uno en uno
tendrás que arrancar.
Y solo Sí o No
te podré contestar,
y además, a una sola pregunta,
nada más.
- Así que piensa muy bien mi niña,
la pregunta que me vas a hacer.
Romina, la niña vestida de rosa,
se fija en la mariposa azul turquesa,
que no para de libar
de la tubular amarilla inflorescencia
de esa margarita cautelosa,
y le pregunta directamente,
si ha visto a Luna,
su perrita blanca
con lazo rosa.
Ella le contesta que: - sí,
que de hecho la iba a llamar,
que sabe donde está su perrita
y si la quiere encontrar,
con ella tendrá que volar.
Romina mira a Margarita
con cara de sorpresa,
también se mira sus hombros
y le asoma la tristeza.
No tiene alas con qué volar,
y le cae una lágrima
sobre el vuelo del vestido
y se pone a llorar.
Margarita se enfada con
la mariposa azul turquesa,
y le recrimina su inoportuna frivolidad.
No ha tenido en cuenta
la sensibilidad de la hermosa niña
apenada por la pérdida de su
perrita Luna, lo que es ahora para ella,
su verdadera y única necesidad.
¡Guau, guau!
Los ojos de Romina se iluminan,
y deja de llorar,
ya no necesita las alas
ni a Margarita preguntar.
José Ignacio Ayuso Díez
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