MARIANNE
MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA
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Como cada mañana, me levantaré a besar la vereda vacía que yace en el firmamento. Tenderé la cama para releer otra novela de amor. Tomaré el desayuno, sin el yá desaparecido café nocturno, para no pensar que quizá no debería renegar mi partida.
Te regalaré un poema mudo, una canción con melancolía para que sepas de mi ayuno, correré las cortinas, para que no se haga visible el humo de un cigarrillo que me fumo a escondidas.
Cada mañana besaré tu sombra, amaré el instante preciso en que olvide tu nombre, seduciré a la conciencia para acostarme con su inocencia, te nombraré en cada suspiro hasta que pierda tu número de WhatsApp y borre el último tatuaje que quedó fundido en mi alma y recitaré que carezco de memoria.
Odell.
Como cada mañana, me levantaré a besar la vereda vacía que yace en el firmamento. Tenderé la cama para releer otra novela de amor. Tomaré el desayuno, sin el yá desaparecido café nocturno, para no pensar que quizá no debería renegar mi partida.
Te regalaré un poema mudo, una canción con melancolía para que sepas de mi ayuno, correré las cortinas, para que no se haga visible el humo de un cigarrillo que me fumo a escondidas.
Cada mañana besaré tu sombra, amaré el instante preciso en que olvide tu nombre, seduciré a la conciencia para acostarme con su inocencia, te nombraré en cada suspiro hasta que pierda tu número de WhatsApp y borre el último tatuaje que quedó fundido en mi alma y recitaré que carezco de memoria.
Odell.