charlie ía
tru váyolens
sé que la pobreza
arranca un ramillete de flores blancas que se desprende
con facilidad,
y se echa a la leña recién traída del bosque
para oirlas crepitar el día entero al fuego.
sé que la violencia y la pobreza
caldean el humo que surge
dispuesto a ennegrecer las paredes
donde he de grabar los trazos
con mi dedo desnudo.
también sé que alguna vez he visto tu cara
en la sombra
pero no se lo mencionés
a lo petrificado de mi impaciencia.
alguna vez he tocado la fragilidad
de tu carne
pero podemos obviar
que podemos ser sinceros.
podemos obviar que la pobreza
y las charlas de determinismo posmoderno
ya han pelado la tosquedad de la leña con cuchillo de mano
apartándola precisamente de todo aquello
que me la pela por ser sincero,
para que la corona de sangre arda aún más lentamente:
podremos ser felices en el fuego eterno
que la carne de los negros ha alimentado,
desde que los blancos decidieron comenzar a violar
a la orilla de una playa.
podemos ser incluso un ramillete de flores
o un perro que ladra
en la más profunda incuestionabilidad de la noche.
por mi parte, te diré que quiero ser una estrella
que tan solo pueda ser advertida
por medios realmente complicados:
no amigo, no por pendejos que recién han adquirido
su primer telescopio.
porque la pobreza no la advierten los pendejos impacientes
la pobreza no la sienten los pendejos impacientes
la pobreza no la viven
los pendejos impacientes
porque la pobreza no es cuestión de los pendejos.
la pobreza es cuestión de aquellos
que hemos brindado
con apenas la necesidad
y la lujuria
y la testarudez
de vivir un día tibio por delante del otro
con tan solo una estrella que observar
durante el fuego de la noche.
arranca un ramillete de flores blancas que se desprende
con facilidad,
y se echa a la leña recién traída del bosque
para oirlas crepitar el día entero al fuego.
sé que la violencia y la pobreza
caldean el humo que surge
dispuesto a ennegrecer las paredes
donde he de grabar los trazos
con mi dedo desnudo.
también sé que alguna vez he visto tu cara
en la sombra
pero no se lo mencionés
a lo petrificado de mi impaciencia.
alguna vez he tocado la fragilidad
de tu carne
pero podemos obviar
que podemos ser sinceros.
podemos obviar que la pobreza
y las charlas de determinismo posmoderno
ya han pelado la tosquedad de la leña con cuchillo de mano
apartándola precisamente de todo aquello
que me la pela por ser sincero,
para que la corona de sangre arda aún más lentamente:
podremos ser felices en el fuego eterno
que la carne de los negros ha alimentado,
desde que los blancos decidieron comenzar a violar
a la orilla de una playa.
podemos ser incluso un ramillete de flores
o un perro que ladra
en la más profunda incuestionabilidad de la noche.
por mi parte, te diré que quiero ser una estrella
que tan solo pueda ser advertida
por medios realmente complicados:
no amigo, no por pendejos que recién han adquirido
su primer telescopio.
porque la pobreza no la advierten los pendejos impacientes
la pobreza no la sienten los pendejos impacientes
la pobreza no la viven
los pendejos impacientes
porque la pobreza no es cuestión de los pendejos.
la pobreza es cuestión de aquellos
que hemos brindado
con apenas la necesidad
y la lujuria
y la testarudez
de vivir un día tibio por delante del otro
con tan solo una estrella que observar
durante el fuego de la noche.